Archive for agosto, 2018


2010 - Kim Bok-Nam Salinsageonui Jeonmal (Bedevilled)

Director: Cheol-Soo Jang
País: Corea Del Sur
Traducción: Endemoniada
Año: 2010

«¿Existen personas amables?»

Para los que vivimos en el denominado «occidente» del mundo, por lo general prestamos una atención especial a las películas que vienen del lado asiático. En primeras instancias por las diferencias culturales que esperamos encontrar, los idiomas o las visiones distintas respecto a la vida y más allá, pero en realidad deberíamos hacerlo por la gran calidad que poseen en muchos casos. La película de hoy es una de ellas.

De todas maneras, la particularidad del cine es mostrar temas y situaciones que puedan ser comprendidas e interpretadas universalmente. Los temas que trata «Endemoniada» son milenarios y desafortunadamente siguen ocurriendo. A través de un relato bien estructurado y que nunca decae en ritmo, se nos cuenta una historia con la que lamentablemente todos podemos identificar a alguien que conocemos, o sabemos de su caso.

La premisa inicial de la película parece ser «¿cuánto dolor y abuso puede soportar un ser humano y qué sucede cuando este límite se traspasa?». Claro, no parece nada original y hemos visto muchas películas sobre lo mismo en distintos géneros, enfatizando uno u otro aspecto hasta que llega a parecernos más familiar de lo que debería. La película es narrada inteligentemente de manera multigénero, pasando de la comedia al drama rápidamente y terminando en un horror visceral y salvaje y aún así no pierde la capacidad de provocar ternura y una profunda tristeza y compasión. No muchas películas logran el objetivo de llegar en forma tan fluida y cautivante hacia el espectador.

No está demás mencionar que se hace uso de un recurso narrativo poco común pero que al estar bien hecho, como en este caso, resulta muy efectivo: durante la primera parte de la película se nos muestra una protagonista con la que no se logra mucha empatía pero aún así seguimos su historia para súbitamente darnos cuenta que la verdadera protagonista es otra y ya hacia al final se vuelve a poner el foco en la protagonista «inicial». Puede sonar un poco extraño, pero acá se hace de buena manera y no resulta confuso en absoluto.

En cuanto a la trama, en principio seguimos la historia de una fría joven de la ciudad de Seúl quien observa que su vida pierde sentido y decide viajar a la pequeña isla donde nació y se crió, en donde la vida de sus pocos pobladores parece pacífica y ordenada en principio, pero una vez que llegamos a este lugar junto a la protagonista, vemos cómo se cumple el dicho «pueblo chico, infierno grande» al pie de la letra.

Sin ser difícil de entender gracias a la excelente actuación de todo el elenco, la historia llega a nuestras emociones directa y violéntamente a través de los conflictos planteados. Como mencioné anteriormente, vemos cómo una mujer es disminuida al extremo en diversos niveles: físico, social y emocional, y nos hace preguntar hasta dónde los responsables de la cinta pueden llegar. Cuando ese límite se traspasa, las consecuencias se dejan caer de manera devastadora sin dejar de ser creíbles.

Prefiero finalizar este comentario aquí pues escribir más me obligaría a revelar más de lo debido sobre la película, y es mejor verla sin saber mucho para así lograr la conexión necesaria con la historia. Una conexión que probablemente se quede con el espectador por varios días.

Street Fighter

1994 - Street Fighter

Director: Steven E. de Souza
País: Estados Unidos
Año: 1994

«Worker ants scurrying about with their pitiful weapons, afraid of the purity, of unarmed combat!»

Para hablar de «Street Fighter» como película separándola del videojuego de la que deriva primero debemos establecer el contexto en que fue concebida y realizada: En la década de los ochenta la industria de los videojuegos creció de manera exponencial en el mundo y naturalmente los juegos fueron haciéndose más complejos en sonido, gráficos, variedad y principalmente guión. En este contexto apareció el juego «Street Fighter II», que era la continuación de, obviamente, «Street Fighter», y significó un gran avance respecto a su primera parte por las mejoras en los aspectos mencionados anteriormente pero principalmente en cuanto a incluir peleadores de diversas partes del mundo con una historia coherente que los llevaba a participar en lo que finalmente se traducía en repartir golpes hasta que el oponente cayera en  aproximádamente sesenta segundos. Las historias eran simples y tenían una conclusión si uno llegaba a derrotar al villano final (M. Bison), la cual era simple pero era todo lo que los niños y jugadores de ese entonces necesitábamos para cautivarnos con el juego. La industria comercial del cine vio en este creciente mundo de los videojuegos la posibilidad de hacer dinero rápido y fácil y así fue como en la década de los noventa se hicieron varias adaptaciones de videojuegos a la pantalla grande con resultados generalmente reprobables y en otros un derecho fracaso (Super Mario Bros., 1993). En la década de los dos mil y hasta la actualidad continúan adaptándose guiones de videojuegos a la pantalla grande, sin embargo, la progresiva complejidad de los mismos y las nuevas directrices del cine hacen la tarea aún más difícil. Pero esa es otra historia, volvamos a los noventa.

Todo el contexto del párrafo anterior me sirve para defender que «Street Fighter» sí es una buena película dentro de los márgenes que tenía para desarrollarse, tanto desde la trama inicial del videojuego como por el contexto cinematográfico en que se hizo. La historia es simple: En Shadaloo, un país dominado por el demente tirano M. Bison, se produce el secuestro y posterior irrisoria petición de rescate de un grupo de gente, entre los cuáles se encuentran algunos de los personajes protagonistas del videojuego. En particular en este grupo se encuentra Carlos «Charlie» Blanka, para quien Bison tiene planes diferentes. Esto  hace que el coronel Guile (Jean-Claude Van Damme) llegue a poner órden a las cosas. Lo demás se deduce sólo y no es necesario ser adivino para conocer el final sin siquiera ver la película. Comienzan a aparecer los estereotipados  peleadores del videojuego, tan estereotipados como en el videojuego; los diálogos son clichés y no resisten segundas lecturas tal como en el videojuego, a medida que cada personaje se ve forzado a pelear van mostrando los movimientos y poderes que estamos acostumbrados a ver en el videojuego, y así en adelante, no hay grandes sorpresas pero sí una buena hora y media que nos entretiene sin sacarnos fuera de nuestra zona de comodidad sino que apela a nuestra nostalgia de forma amistosa y lisonjera.

Con todo lo que perdono a la película, no puedo dejar de mencionar como puntos bajos la cosificación que se hace de las mujeres, aunque en los noventa era algo aparentemente normal y que no levantaba polémicas aunque a algunos sí nos molestaba y lo encontramos demás. Chun-Li pasa de ser una reportera brillante con habilidades para pelear y sed de venganza a un simple objeto de deseo para Bison, Cammy, quien pudo tener mayor y mejor protagonismo pasó a ser una débil admiradora de Guile, desaprovechando a la cantante y ocasional actriz Kylie Minogue por completo. Blanka y Dhalsim, pese a ser partes del eje principal de la trama no llegan nunca a pelear, y ya están incluidos en una película de acción derivada de un videojuego de peleas es imperdonable que no tengan su minuto de gloria peleando.

Si bien los protagonistas indudables del videojuego son Ryu y Ken, en la película pasan a un segundo plano cediendo el protagonismo a Guile y al villano Bison, muy bien interpretado por el actor Raul Julia en el papel del villano loco y autoendiosado, sin saber que sería el último papel de su carrera (falleció al poco tiempo de terminar de filmar sus escenas). Él es lo mejor de la película sin dudas. Las secuencias de peleas también están bien logradas, hechas bajo la cinematografía típica de las películas de acción pero que permite una buena apreciación de, por ejemplo, tres peleas al mismo tiempo en la parte final de la película. Los personajes reflejan sus movimientos y poderes típicos del videojuego de forma apropiada con algunas perdonables licencias.

Si tal como yo, quien lee estos comentarios es alguien que puede perdonar lo errático, cliché y rimbombante de la película y logra verla con la misma ingenuidad con la que alguna vez nos paramos frente a alguna máquina de arcade de «Street Fighter II» sin cuestionar nada sino que con la simple intención de disfrutar un rato apretando botones para derribar a algún oponente, entonces sí se puede disfrutar esta película e incluso afirmar que resiste el paso del tiempo decentemente. Al menos yo no puedo dejar de verla si me la topo de casualidad por ahí. Es la pureza del combate sin armas, nada más.