Directora: Anne Fontaine
Traducción: La Piel Del Deseo
País: Australia/Francia
Año: 2013

«No quiero detenerme, y no veo por qué debamos hacerlo»

Adaptar literatura al cine nunca ha sido una tarea fácil: siempre está presente la moción de que nunca será posible poner en imágenes lo que el autor originalmente creó en palabras. En parte comparto esta idea, sin embargo, también reconozco cuando un libro o novela es traducido al mundo de las fotografías en movimiento de buena manera, aceptando que como en toda traducción, hay un precio que pagar y algo se pierde en el camino. Cuando se trata de una historia escrita por alguien con un lenguaje tan vívido y elocuente a través de sus letras como lo es Doris Lessing, la tarea es doblemente difícil, pero la directora Anne Fontaine tomó el desafío y logró hacer un buen trabajo.

La historia de Doris Lessing en cuestión se llama «The Grandmothers» y posee una energía femenina que se hace presente en cada escena de la película, en cada línea y en cada expresión de los actores. Se trata de una historia tangencialmente feminista que aborda las relaciones entre mujeres y hombres de diferentes generaciones desde un punto de vista parcial, y de la expresión del deseo sin importar convenciones sociales, éticas ni morales de ningún tipo, y que lleva a las protagonistas a una rebeldía bastante atípica contra lo establecido, aún cuando ni ellas mismas se lo han propuesto.

Es la historia de un cuarteto amoroso conformado por dos amigas inseparables de toda la vida y los respectivos hijos de cada una. Tan tabú y poco convencional como suena, la propia escritora afirmó que su historia está basada en un caso real. Todo se desarrolla en una paradisiaca bahía en la costa de Australia en donde las protagonistas, dos mujeres de mediana edad, viven una vida lujosa pero tranquila junto a sus hijos y al marido de una de ellas (la otra ha enviudado cuando comienza la película). Comprendemos rápidamente que estas amigas son inseparables y han compartido toda su vida, y lo mismo ocurre con sus hijos, quienes pasan sus días de adolescencia surfeando como mejores amigos en ese habitat de ensueño, una alegoría al olimpo en donde parecen no existir normas sociales que afecten a los personajes. Cuando el marido de una de las protagonistas debe mudarse lejos por una oferta de trabajo y su esposa decide no acompañarlo para quedarse a vivir donde están es cuando la trama empieza a desenvolverse. Desde el momento en que ambas mujeres están en la playa observando a sus hijos en el mar y se preguntan «¿Nosotras hicimos eso?» o afirmando «Son como dioses jóvenes» en admiración a la belleza de sus hijos sabemos más o menos qué ocurrirá.

Y la película no es más que eso, ni más ni menos. No se trata de una historia con grandes giros ni acción rápida sino de una observación a la vida que estas mujeres y sus hijos deciden llevar, con un constante tono de culpa, cuestionamientos sobre la edad, el deber ser y la incertidumbre sobre las consecuencias destructivas que estas relaciones tendrán inevitablemente en todos los involucrados pero que sin embargo no pueden abandonar. Y es en este punto de vista más reflexivo, lleno de matices ligeros y la ya mencionada siempre presente fuerza femenina en todo momento, en donde la película tiene su fortaleza: la narrativa de la escritora traspasada a imágenes. Esto se logra con actuaciones impecables de Robin Wright y Naomi Watts en los protagónicos acompañadas por Xavier Samuel y James Frecheville como sus hijos.

La historia, como mencioné, se basa en seguir la vida de los cuatro protagonistas no sólo en el momento en que comienzan estas relaciones, sino cuando todo queda en evidencia y más allá, cuando de alguna manera todos aceptan que la vida debe seguir igual, aún cuando los jóvenes deban separarse de sus respectivas amantes para seguir sus estudios, conocer otras personas e incluso llegar a casarse con mujeres de su edad y formar familias aún con ese pasado no resuelto totalmente y del que realmente nunca quisieron escapar.

En definitiva «Adore» es una película transgresora incluso para esta época y no puede ser de otra manera dada la naturaleza de su historia, pero que en la dirección sutil de Anne Fontaine, acompañada de un buen guión adaptado y una edición elegante encuentra un buen despliegue visual, canalizando las intenciones de la escritora de la historia corta original de buena manera.