Category: 1981 – 1990


The Lonely Guy

1984 - The Lonely Guy

Director: Arthur Hiller
País: Estados Unidos
Traducción: El Solitario
Año: 1984

«No me gusta tomar siestas. No me gusta despertar más de una vez al día»

«The Lonely Guy» es una película que pertenece a una época dorada de comedias sobre situaciones cotidianas y aparentemente simples de entender, una capa bajo la cual se ocultan temas más serios y problemas sociales más duros, los que son difíciles de tocar pero que fueron bien explotados en la época mencionada, siempre comedidas y sin traspasar los márgenes de comedia liviana, lo que se agradece pues aún se pueden apreciar frescas en estos días a pesar de que visualmente no hayan envejecido bien. Para este propósito, además de la dirección y guión adecuados también se necesita a los actores precisos para representar el rol de hombre promedio a quien le ocurran estas situaciones. Steve Martin es un actor perfecto para este tipo de roles (no es el único, claro) y vivió su época dorada también durante la década de los ochenta gracias a este tipo de historias.

El título dice todo sobre esta película: es sobre un hombre que se convierte en solitario luego de terminar la relación con su novia y las situaciones que derivan de su soledad: desde conocer a otro solitario ya experto en el tema quien se convertirá en su amigo y consejero en esta forma de vida, la pérdida de sentido de la existencia y ver cómo otros en la misma situación no pueden soportarlo y terminan con sus vidas. Todo esto suena muy trágico y lo es, pero son temas que están presentes en la película sin que resulten terribles (al menos en apariencia) gracias a las bien logradas situaciones cómicas que se muestran. En ocasiones son un poco exageradas, pero se destacan escenas como las del bar, en la que parece que la soledad fuera una enfermedad peligrosa a la que todos (los que no son solitarios) miran mal y reuyen.

Nuestro protagonista, quien parece ir cuesta abajo en la vida primero perdiendo su mujer y luego su empleo, en su desesperación logra escribir el libro «Guía para el solitario», lo que irónicamente le trae una fama y popularidad tremenda e inesperada, pero no por eso deja de ser solitario. A su vez, los encuentros esporádicos con una mujer que llama su atención son el eje que mueve la trama de la película y cuyo final ya podemos adivinar, sin embargo, el cómo se llega a que nuestro protagonista logre dejar la soledad es la gracia de la película.

Es una película recomendable para adultos jóvenes en adelante, pues alguien más jóven puede tener dificultad en entender la soledad como se plantea en la película y/o no entender los mensajes más escondidos que vienen en ella. Sin embargo, es una comedia atemporánea (pues siempre habrá solitarios) que entretiene, divierte y también a ratos emociona. Recomendable para solitarios, por supuesto, y quienes aún no lo son o han dejado de serlo.

The Hit

1984 - The Hit

Director: Stephen Frears
País: Inglaterra
Traducción: La Venganza
Año: 1984

«Es sólo un momento. Estamos aquí, luego no estamos y estamos en otro lugar… quizás. Y es natural como respirar, ¿por qué deberíamos asustarnos?»

La película comienza con el juicio en Inglaterra a un gangster quien delata a todos sus compañeros de fechorías a cambio de mantener su libertad. Luego, diez años más tarde vemos a nuestro protagonista viviendo una vida aislada y tranquila en una pequeña villa en algún punto remoto en España. Pronto un grupo de bandidos de poco monta asalta la casa donde vive pero su real intención es secuestrar al ex-gangster para entregarlo a dos asesinos a sueldo contratados por sus ex-colegas y llevarlo de vuelta a Inglaterra para pagar por su traición. Es en este moemnto cuando recién comienza la propuesta de «The Hit».

Parece un comienzo bastante común, repetido y nada sobresaliente, y lo es, pero conociendo el nombre del director involucrado inmediatamente sabemos que es sólo la excusa para mostrar un estudio de personajes en donde lo que menos termina importando es el género de acción del que está revestida la cinta.

Una vez que el protagonista y sus dos secuestradores se encuentran reunidos, agregando a ellos una protagonista femenina que se suma a mitad del largometraje, comienza rápidamente lo que realmente quiere mostrar el director: el momento psicológico en que cada personaje se encuentran al momento de la acción, qué los llevo a ello y cómo sus personalidades determinarán los destinos de cada uno, destinos que distan de lo predecible.

Como ya he escrito sobre otras películas, cuando se trata de películas basadas en estudio de personajes, no sólo la pericia del director y la fortaleza del guión es la que las sustenta, sino que deben ir interpretadas a la altura. En este caso los actores destinados a esa tarea son un debutante Tim Roth en el papel de Myron, un joven y violento gangster quien tiene como jefe a otro ganster más experto y encargado de dirigir cada acción de este «trabajo» interpretado por un John Hurt (ya experto en actuación en la vida real); Terence Stamp en el papel del tranquilo y reflexivo secuestrado quien observa con detención y calma cómo se lleva a cabo el trabajo de sus secuestradores y hasta coopera con ellos; y Laura del Sol en el rol femenino, quien no sólo esta para adornar la cinta (como suele suceder en este tipo de películas) sino que tiene una notoria evolución e injerencia en el desarrollo de la trama.

Una vez que despega la película se transforma en una road movie que se desarrolla a través de los bellos paisajes rurales de España y en ocasiones en las ciudades que cruzan, en donde los peligros reales no vienen desde el exterior sino desde los conflictos personales que enfrenta cada uno de los protagonistas. La policía se muestra inoperante y siempre muy atrás en la persecución, y en varias ocasiones el secuestrado y la joven española también secuestrada de rebote pueden escapar, sin embargo esto no ocurre pues lo que se quiere mostrar justamente es que podrían escapar de cualquier peligro externo, pero nunca de ellos mismos.

Como mencioné anteriormente, el protagonista se muestra siempre tranquilo y entregado a un destino que sabría que alguna vez vendría por él y para el que se preparó durante diez años, entregando de tanto en tanto perlas de sabiduría que obtuvo cultivándose en la lectura durante mucho tiempo. Myron, el joven secuestrador es violento y ansioso por realizar su primer trabajo de buena manera para escalar en su «profesión», sin embargo se verá afectado y confundido por la interacción con los demás personajes. El personaje de Laura del Sol está correctamente presentado como una joven española llena de belleza y astucia femenina que logra confundir e incidir en las decisiones que toman los demás protagonista. Sin embargo, quien lleva gran parte de la carga de la es John Hurt (quien a esas alturas ya era un veterano en la actuación tras haber participado en películas como «Midnight Express» (1978), «Alien» (1979), «The Elephant Man» (1980), y «1984» (1984)), quien hace el papel del gangster encargado de llevar el trabajo a cabo, quien se muestra en principio como un calculador y seguro asesino a sangre fría quien a lo largo de la trama se va mostrando dubitativo y permeable a los comportamientos de sus exóticos compañeros de ruta.

Dicho esto, parece que estuviera hablando de una película que merece el título de clásico instantaneo pero sin embargo no lo es, pues por más que los actores representen bien la visión del director en cuanto a lo que se quiere mostrar como a los personajes en sí, el ritmo de la película es muy lento para una película de acción y en ocasiones muy rápido para una película contemplativa. Se entiende que son dos formas de narrativa difíciles de juntar en una hora y media y esta dificultad se nota. No es una mala película tampoco y es clara en lo que quiere mostrar.

Un protagonista menor pero que no pasa desapercibido es la música, compuesta por un muy bien elegido Paco de Lucía. Si bien no está presente en todo momento, sus intervenciones son notorias sin llegar a molestar y le dan el ambiente «español» necesario a pesar de que casi todos sus protagonistas y la historia no tienen que ver con España.

The Hitcher

1986 - The Hitcher

Director: Robert Harmon
País: Estados Unidos
Traducción: Carretera Al Infierno
Año: 1986

«I don’t need gasoline»

Esta película, con tan sólo una hora y media de duración, se convierte en un clásico y una película difícil de olvidar a la primera proyección. Tiene el gran mérito de un guión muy simple y directo pero que a la vez abarca temas profundos y que van mucho más allá de lo que parece obvio, aunque un espectador que busque simplicidad puede encontrarla y difrutar de esa parte de la trama. Para mi hay mucho más. Lo primero y lo que más llama la atención es la poderosa interpretación del actor Rutger Hauer, cuyo personaje indudablemente se roba la película y guía toda la acción que ocurre en ella. El actor logra dotar al villano de un carácter sobrenatural y solemne, de la cual nada ni nadie parece escapar. Es este villano quien parece saber exáctamente qué ocurrirá y procura que todo vaya de acuerdo a sus planes. Sin ir más allá, me atrevo a decir que personajes como John Doe (Seven, 1995), Anton Chigurh (No Country For Old Men, 2007) y hasta el mismísimo Hannibal Lecter (The Silence Of The Lambs, 1991) están en deuda con John Ryder, quien a su vez rememora a Harry Powell (The Night Of The Hunter, 1955) en una versión actualizada a los ochentas.

Pero veamos de qué se trata: Un joven protagonista lleva conduciendo solo toda la noche y somnoliento, decide llevar a un hombre que está haciendo dedo en una oscura y lluviosa carretera. Con la convicción de estar haciendo una buena acción y con la esperanza de que este nuevo pasajero haga más ameno su camino, comienza a entablar una conversación con el desconocido, quien rápidamente se revela como un sádico y terrible asesino quien también planea matar a nuestro protagonista, pero cuando éste logra deshacerse de él comienza una cacería implacable que terminará en lo inimaginable.

Esta oscura «road movie» tiene el mérito de convertir un lugar tan abierto y libre como la carretera en uno claustrofóbico e inseguro, en donde el villano parece tener control absoluto de ella. Tal Freddy Krueger en «A Nightmare On Elm Street» (1984), nuestro asesino es altamente inteligente y se divierte con sus acciones, pero a diferencia del hombre del guante con cuchillos, quien tiene maneras cada vez más creativas de matar, John Ryder tiene formas creativas de mantener vivo al protagonista en comparación a lo burdas que son las muertes que efectívamente ejecuta a su alrededor, con un propósito ominoso que por supuesto no se explica nunca en la película sino que deja abierta la invitación a que demos nuestra propia interpretación. Para mí, la clave está en un dos simples palabras que Ryder emite en uno de los pocos momentos en los que decide develar información sobre si mismo: «Estoy cansado».

Si bien el villano se roba toda la película, también es bastante interesante la evolución que tiene el joven Jim Halsey, desde un joven inocente y temeroso de morir hasta… lo que John Ryder decide hacer de él. Desde dejar de sentir miedo o temor hasta tomar personalmente la misión de deshacerse de su némesis al ver que ningúna organización u otro ser humano puede detenerlo, dejando de lado toda emocionalidad. Si bien no están solos en esta película, todo lo que ocurre gira en torno a ellos, incluso el personaje de una joven Jennifer Jason Leigh, quien comienza como un secundario, sorpresivamente toma mayor protagonismo y termina sirviendo a la extraña simbiosis de nuestros protagonistas.

Si bien esta película se gana instantaneamente un lugar destacado en nuestras preferencias, cabe mencionar que estéticamente es totalmente ochentera, obviamente, aunque aún se ve bien hoy. La música pasa la prueba del tiempo a duras penas, pero es sufciente para crear ambiente y dramatismo sin entorpecer la trama. Hay algunas situaciones propias de las películas de persecución en carretera que se ven un poco demás, pues aquí el proceso de destrucción es más bien moral y psicológica al estilo «The Dark Knight» (2008), pero tampoco logran bajar el nivel ni distraer de lo que «The Hitcher» plantea principalmente.

En fin, es una película totalmente recomendable para quienes gusten de investigar sobre el origen de villanos populares modernos, y también para valorar esta película, un tanto desconocida y olvidada, pero que ciertamente merece más atención.

The Burning Bed

1984 - The Burning Bed

Director: Robert Greenwald
País: Estados Unidos
Traducción: La Cama En Llamas
Año: 1984

«I liked to pretend that the other part of my life didn’t exist»

Antes de la crítica va una advertencia: esta es una película sobre violencia intrafamiliar y está bastante bien hecha, por lo que si hay alguien que actualmente está pasando por esta situación o ha pasado anteriormente y aún no está totalmente sanada puede no ser recomendable leer nada al respecto ni menos verla. Por otra parte, la intención de la película es ayudar a quienes sufren de esta violencia a salir de ella y también concientizar a quienes no nos toca diréctamente pero sabemos que está ahí. En el mejor de los casos puede hasta llevarnos a hacer algo al respecto. A todos nos gusta cantar melodiosamente «We can be heroes just for one day» (podemos ser héroes por un día) pero ¿cuántos estamos relamente dispuestos a serlo?

«The Burning Bed» parte dramáticamente con la escena en que nuestra protagonista decide tomar acción contra la violencia sufrida por toda una vida y quema vivo a quién tanto daño le causó. Esta acción la lleva a ser encarcelada y la vemos sumida en una desidia y mutismo que sólo romperá al ver que su caso ha inspirado a otras mujeres en su misma situación a tomar acciones y liberarse de sus opresores. Luego conoceremos su historia en raccontos desde el momento en que conoce al hombre que se convertiría en su martirio hasta el momento en que decide matarlo. Finalmente vemos el juicio que se realiza en su contra y termina con la resolución del mismo.

No hay problema en contar el principio ni el final de esta historia porque esta película no intenta ser original ni tener giros sorprendentes, además nos presenta su descenlace desde el comienzo. Lo que se intenta mostrar acá es el cómo una mujer puede llegar a una acción tan desesperada, una mujer cuyo pecado fue enamorarse de la persona equivocada y hacer todo lo posible por mantener ese amor y darle el mejor hogar posible a sus hijos, a costa de sufrir lo peor ella misma. Y este propósito se logra de excelente y dolorosa manera, mostrándonos la evolución, siempre en espiral descendente, de esta relación enfermiza.

La actuación de Farrah Fawcett es genial en todo momento, por ejemplo en la primera escena en que la vemos en la cárcel ante un desesperado abogado defensor que intenta ayudarla preguntando si realmente cometió un asesinato y ella responde en una sola mirada muchas cosas: que sí lo hizo pero no sólo hubo un crímen; ella también fue asesinada a lo largo de los años y el asesinato de su marido es prácticamente algo natural que no merece explicación siquiera. Todo esto sin una palabra sino que sólo con un par de miradas. Eso se llama actuación. Su contraparte, el actor Paul le Mat, no brilla tanto como ella pero hace bien el papel de hijo consentido y posterior marido violento. Lo odiamos en todo momento.

Como dije en un principio, la película representa bien las diferentes etapas de la violencia doméstica desde el noviazgo hasta cuando aún después de haberse divorciado, el ex-marido continúa hostigando a la mujer a quien considera su posesión eternamente. Por supuesto hay escenas de violencia bastante gráficas a las que nos vamos acostumbrando y normalizando a medida que avanza la película tal como lo hace la protagonista, a pesar de que cada vez crecen en brutalidad, sin embargo el mérito de esta película no es el gore sino la narración, haciendo mucho más dolorosos los incontables «lo siento» que el agresor hace a la víctima, las también incontables veces que la protagonista narra «me permitió» o «no me permitió» hacer tal o cual cosa, las actitudes de los familiares directos de quienes rodean a esta pareja, o la perplejidad y seca aceptación en la mirada de los hijos en escenas donde su madre es golpeada.

La película está etiquetada como «drama», pero bien podría ser un documental del horror que han vivido y aún siguen viviendo muchas mujeres alrededor del mundo. Esta historia está basada en un caso real como real también son los casos a los que todos de alguna forma estamos ligados. Seamos nosotros mismos, alguna familiar, vecina, amiga, amiga de amiga, etc. El propósito y el llamado finalmente de «The Burning Bed» es a ayudar a quiénes sufren violencia intrafamiliar y a prevenir que esto siga perpetuándose en el futuro, enseñando a quienes vienen después de nosotros sobre la igualdad de géneros.

1987 - The Whales Of August

Director: Lindsay Anderson
País: Estados Unidos
Traducción: Las Ballenas De Agosto

«I’m allright, just a tad of November in my bones»

Considerando los nombres involucrados en la dirección y actuación en esta película, me cuesta entender el estatus relativamente desconocido de esta película dentro del mundo del cine. Pensándolo un poco más, quizás está en el lugar correcto, pues quienes llegamos hasta «The Whales Of August» comprendemos que se trata de una joya que brilla al ser apreciada a través de cierto prisma, pero que al ser observada con detenimiento brilla de manera especial y con colores propios. No es necesario ser alguna clase de elegido ni tener superpoderes para esto, sino un conocimiento general de la historia del cine y un poco de sensibilidad y paciencia para películas con acento en la narrativa y no en la acción.

Lilian Gish, Bette Davis y Vincent Price dirigidos por Lindsay Anderson, todos juntos en un proyecto. Sólo esta mezcla es suficiente para que suene atractivo, pero además tiene una carga emotiva especial puesto que los actores protagonistas ya contaban con edades bastante avanzadas al momento de la filmación y ésta sería la última película (en el caso de Lilian Gish, que ya tenía 93 años en 1987) o penúltima (en el caso de Bette Davis, con 79 años) en que participarían. En el caso del director Lindsay Anderson no era tan mayor al momento de filmar «The Whales Of August» pero sí sería la última película para cine que dirigiría, luego hizo un par de películas para televisión antes de su muerte en 1994 (la tarea de averiguar la importancia de cada uno de los mencionados queda en cada lector de este artículo, de otra manera me extendería demasiado perdiendo el objetivo central de este blog). ¿Es esto suficiente para afirmar que la película es una joya? Por supuesto que no, y ahora es cuando paso a hablar de su contenido mismo:

Delineando el tono contemplativo de la cinta, durante los primeros minutos vemos en un racconto en sepia a unas jóvenes Sarah y Libby, las hermanas protagonistas de la historia, apurándose para ir a la orilla del mar para contemplar a las ballenas que cada año hacen un alto en las costas de Maine durante el mes de Agosto. Pronto el sepia da paso a los colores del presente, por lo menos cincuenta años más tarde y encontramos nuevamente a las hermanas en su vida cotidiana de comienzos de Agosto. Libby (Davis) está ciega y tiene un carácter difícil de tratar, mientras que su hermana es afable y optimista y se encarga de cuidar a su hermana, desde su alimentación hasta su ropa. También está Mr. Maranov (Price), un barón ruso en sus años tardíos que quiere ir a pescar a la costa de las hermanas Webber, pero que sin embargo tiene otras intenciones que averiguaremos más tarde. A ellos se suma Tisha, una vecina más joven y amiga de las hermanas de toda la vida y Joshua, un vecino encargado de la mantención y todo tipo de reparación de las casas de la isla. Seguimos la vida y acontecimientos de estos personajes en un período no mayor de treinta horas, un ritmo acelerado para una película de este tipo pero suficiente para desarrollar una historia bien contada pero sobre todo útil para que la película no tenga un aire de nostalgia y sobrecarga emotiva innecesaria a la que ya tiene desde su concepción.

Por supuesto, toda la acción se desarrolla a través de los diálogos de las hermanas y sus interacciones con los demás personajes mencionados, en los que se mezclan recuerdos pero también acciones y decisiones del presente e incluso con miras a futuro. Los conflictos son sencillos pero profundos a nivel de emocionalidad y reflexión sobre la vida, por ejemplo: A Sarah le preocupa que su hermana comience a pensar sobre la muerte y adopte una actitud negativa sobre la vida mientras ella mantiene su optimismo y un ritmo de vida activo. Mr. Maranov reflexiona sobre los privilegios de ser descendiente de una familia rusa adinerada, Tisha muestra preocupación por las hermanas aunque ellas no se lo pidan y Joshua marca un poco la diferencia con sus modos más bruscos pero siempre bien intencionado, todo esto en el contexto avistamiento de ballenas anual.
En una cinta con pocos personajes el desempeño individual de cada actor involucrado es crucial y en este caso los objetivos son logrados con creces: es un deleite ver cómo Bette Davis enuncia cada una de sus líneas, por cierto es ella quien acertadamente carga la mayor parte del peso del guión, mientras que Lilian Gish expresa la mayor parte de su personaje a través de su lenguaje corporal y su característico rostro, en donde se nota y se homenajea la escuela del cine mudo que es donde comenzó la actriz. Vincent Price, por otra parte, caracteriza a un personaje con características y desarrollo humano (lo menciono de esta manera porque el actor es vastamente reconocido por su trabajo en lo que podríamos denominar «cine sobrenatural»», en donde otro tipo de actuación es necesario), y lo hace de manera bastante pulcra y correcta, sin hacer uso de la sobreactuación y expresionismo en el que acostumbramos verlo.

A fin de cuentas estamos en presencia de una película que homenajea a sus actores y directores, así como a toda una época de la cultura americana pero perfectamente adaptable a realidades universales, contándonos una historia en tiempo presente pero que invita a reflexionar sobre el pasado con el gran mérito de no caer en sentimentalismos innecesarios, lo que dota a la cinta, a sus actores y director, de una dignidad necesaria en este tipo de historias y se agradece bastante desde el punto de vista del espectador.

Tras El Cristal

1987 - Tras El CristalDirector: Agustí Villaronga
País: España
Año: 1987

Hay películas que cruzan las divisiones entre un género y otro (en ocasiones más de dos) y es difícil decir a cuál pertenecen, y también existen aquellas que son imposibles de clasificar.

«Tras El Cristal» es una de ellas, y si esxistiese una etiqueta llamada «cine doloroso» sería el único rincón en donde podría descansar, levemente, esta cinta. Porque es el dolor el eje conductor de la trama y lo que subyace tras ella: dolor físico, psicológico y social del más punzante, y del que rápidamente se nos hace partícipes por medio de situaciones extremas e imágenes perturbadoras, pero más profúndamente a través del simbolismo y narrativa cinematográfica, lo que la convierte en una película difícil de olvidar, y que nos fuerza, como espectadores, a relexionar durante días sobre lo presenciado.

Cada encuadre, cada personaje, el uso de los colores, la música, etc. nada es dejado al azar y está ahí con un propósito. «Tras El Cristal» invita a verla más de una vez, pero a la vez es difíci decidirse a volver a verla, por sanidad mental.

Sobre la trama, sólo es conveniente decir que involucra a un oficial nazi retirado que vive inmovilizado, su esposa, su hija, un enfermero, y la herencia histórica de las dictaduras y el abuso de poder como protagonistas principales.

Si debo mencionar algo negativo, esto sería quizás el exceso de violencia gráfica en algunas escenas, que si bien podríamos argumentar que a estas alturas ya nada sorprende, en el contexto de la película y su guión crean momentos realmente desagradables. Nuevamente: nada es antojadizo y está cuidadósamente puesto ahí, en el momento y lugar exacto y preciso para doler como una herida en el sistema nervioso. A la fecha que escribo esto (Diciembre de 2014), pocos directores pueden igualar la maestría a la hora de enviar un mensaje, nos guste el mensaje o no.

En el siguiente enlace se puede encontrar un análisis mucho más completo y minucioso de los mencionados simbolismos de la película. Por supuesto, es recomendable leer el artículo después de ver la película, si es que aún persiste algún interés por verla:

http://www.madrimasd.org/blogs/imagen_cine_comunicacion_audiovisual/2013/11/24/126368

1986 - Hombre Mirando Al SudesteDirector: Eliseo Subiela
País: Argentina
Año: 1986

En Argentina no sólo se hace el mejor rock de Latinoamérica (y eso que no nací allá), sin que a veces se hace cine de la mejor calidad. Aprovechando la efervescencia de estos día por «El secreto de sus ojos» (2009), hoy comento y recomiendo otra producción transandina. Se trata de «Hombre mirando al sudeste» (1986), en la que se narra la relación de un paciente de manicomio (que dice venir de otro planeta) y su doctor, y de cómo podrían estar ambos equivocados en la representación de sus respectivos roles sociales. Suena a trama humanistoide facilista, y en parte sí lo es, pero si nos situamos en el contexto histórico de Argentina al momento de la realización de esta película (algo parecida a la de Alemania después de la Primera Guerra Mundial), podemos entender mejor su significado. Cabe mencionar la participación del siempre correcto Pedro Aznar a cargo de la composición de la banda sonora (disculpemos, eso si, a la edición de sonido), además de mencionar que a esta película se le hizo un remake en el año 2001, llamada «K-PAX» protagonizada por Kevin Spacey (adivinen en qué papel) y el reciente gandor de los premios Oscar Jeff Bridges. También podemos encontrar referencia directas, si es que no plagios descarados a esta película en la cinta chilena «Fuga» (2006). Y un dato curioso: el áctor protagonista, Hugo Soto, murió unos años después de la realización de  «Hombre mirando al sudeste», debido a una conocida enfermedad viral. Quizás de veras se fue al planeta de donde decía ser su personaje más recordado.