Category: 1991 – 2000


Kuroi Ie

Director: Yoshimitsu Morita
Traducción: La Casa Negra
País: Japón
Año: 1999

«Me subí a los columpios y comencé a subir y bajar. Mientras me balanceaba en el columpio, la velocidad era cada vez mayor… y casi llego hasta arriba. Tan alto que podía dar una vuelta completa. Cuando llegué al punto más alto, me resbalé y me caí del columpio. A partir de ahí, caí y seguí cayendo, cada vez más profundo»

A pesar de que esta película se promociona dentro del género de horror, es más un thriller con escenas bastante fuertes de vez en cuando, pero también tiene momentos de humor y algunas secuencias con ángulos y efectos de cámara que parecieran sacadas de un sueño de David Lynch. Hasta podemos ver ciertos elementos del Giallo italiano en ocasiones en el uso de ciertos colores. Luego recordamos que esta película viene de Japón y así no resulta tan extraño tal mezcla de géneros en una sola película.
Sobre la trama, nuestro protagonista es el tímido jefe de una sucursal de una empresa de seguros que se ve enfrentado a un caso en donde una misma familia reclama los pagos de seguros por muerte, comenzando con el supuesto suicido del pequeño hijo del matrimonio. Sólo con este caso la historia podría podría haberse sostenido pero elige volverse cada vez más torcida para terminar convirtiéndose en una cacería entre el monstruo psicópata de turno y nuestro protagonista, quien de a poco ve como su mundo se desmorona hasta que se ve forzado a cambiar y enfrentar el mal que lo persigue, con resultados devastadores para todos los involucrados.
Esa sinopsis no suena nada original y en realidad el desarrollo de la trama tampoco lo es. Si bien la película es entretenida también es bastante lineal, y para un espectador medianamente experto en cine policial el giro de su trama no deja de ser sorprendente, pero tampoco es novedoso. La historia se nos va contando lentamente y de a poco se nos van revelando las piezas de un puzzle que tampoco es difícil de resolver. Todas las piezas van encajando perfectamente para ir construyendo la revelación del mal de turno de manera de que cuando es evidente no nos sorprende su manera de actuar, aunque no deja de ser intimidante.
Esta película también adolece de las clásicas situaciones de las películas de horror que simplemente debemos aceptar que ocurran intentando no cuestionarlas ni distraernos, por ejemplo: teléfonos que dejan de funcionar en los momentos menos indicados, seguridad ineficiente, investigación policial negligente que obliga al protagonista a realizar su propia investigación, etc. Sabiendo que se trata de la adaptación de una novela, me pregunto si estos «errores» son deliberados para contribuir a la narrativa o venían en el libro original.
Lo que sí está muy bien en esta película es la actuación: tanto protagonista como antagonista están muy bien representados como las fuerzas opuestas que en alguno o varios momentos colisionan. Como mencioné anteriormente, el uso de narrativas y elementos multigénero también aportan a darle cierta identidad a la película y hacerla entretenida.
En definitiva yo califico a esta película en un nivel introductorio dentro del thriller moderno en cuanto a nivel de complejidad y desafío a la mente del espectador para resolver el caso, eso sí con la advertencia de que algunas escenas pueden ser un poco perturbadoras para quien no esté acostumbrado o dispuesto a ser sorprendido en el momento menos esperado.

2000 - Shadow Of The Vampire

Director: E. Elias Merhige
Traducción: La Sombra Del Vampiro
País: Estados Unidos
Año: 2000

«Dime cómo me harías daño… cuando ni siquiera yo sé cómo hacerlo»

Un poco de contexto: en 1922, cuando se estrenó «Nosferatu» de F.W. Murnau fue tal el impacto que causó, y particularmente el personaje del conde Orlock, que empezó a correr la layenda de que el actor que encarnó al infame conde Orlock (Max Schreck) no era realmente un actor sino que un auténtico vampiro. «Shadow Of The Vampire» toma este mito e intenta desarrollarlo durante su hora y media de duración.

Siendo una premisa que inevitablemente llama la atención de un cinéfilo promedio o de cualquier amante del género de horror es conveninete dar un vistazo a algunos de los nombres involucrados en la película. Primero coviene mencionar que la productora a cargo fue Saturn’s Film cuyo dueño era Nicholas Cage, lo que no hace extraño la elección de la historia a contar dadas las excentricidades conocidas de Cage. Luego está el director E. Elias Merhige, quien a la fecha de la película había realizado la peculiar y controvertida «Begotten» (1989) además de algunos vídeoclips para Marilyn Manson, lo que auguraba una dirección acorde a la naturaleza del proyecto. Y finalmente están los actores involucrados, destacando John Malkovich y Willem Dafoe en los protagónicos (F.W. Murnau y Max Schreck respectivamente), quienes por separado son garantía de buenas actuaciones pero esta vez, en conjunto, se complementan muy bien. Cabe mencionar que por este papel Willem Dafoe fue nominado a los premios Oscar, siendo esta la única vez que un «vampiro» se acerca al prestigioso galardón.

La película es una ficción de los días de filmación de «Nosferatu» y en principio vemos a los actores y equipo de filmación grabando en un estudio para luego trasladarse a Checoslovaquia para continuar filmando en ambientes más naturales y realistas y donde conocerían al «actor» Max Schreck quien estaría durante toda la filmación caracterizado como su personaje y con quien filmarían sólo de noche pues así lo exigían sus metodos de actuación. Como espectadores sabemos todo el tiempo que se trata de un vampiro real y la gracia es ver cómo interactuaría este personaje con los humanos y cómo se comportaría mientras dura la filmación de la película. Pronto descubrimos que el propio Murnau está manipulando toda la situación con el fin de obtener su propio y objetivo egoísta de lograr el mayor realismo posible en su película. Por una parte Murnau con ayuda del productor de Nosferatu intentarán mantener al equipo en calma y por otra el mismo Murnau intentará mantener a raya al vampiro bajo la promesa de entregarle a la protagonista del elenco y otras víctimas más al finalizar la filmación. Por supuesto nada de esto resulta bien y el vampiro empieza a hacer de las suyas causando estragos en el equipo de filmación y dando paso a las situaciones en que realmente se cuenta el verdadero mensaje de la película.

Y este mensaje no es otro que el egoísmo y enajenación de que un hombre puede ser más monstruoso que un monstruo de verdad. La interpretación de Willem Dafoe es realmente convincente y crea un vampiro realmente aterrador pero que finalmente termina causándonos cierta simpatía mientras que por otra parte John Malkovich expone al Murnau manipulador y monstruoso que se quiere contar esta historia. Cada uno de ellos tiene visiones y planes diferentes sobre la película y esta diferencia de intereses es lo que desencadenará un final que no puede ser de otra manera que trágico.

La película, si bien está bien contada e interpretada por su elenco y principalmente por los mencionados protagonistas, es buena pero pierde oportunidades de convertirse en algo más grande al centrarse demasiado en las obesiones de Murnau y sus métodos de manipulación perdiendo oportunidades de darle mayor profundidad al personaje. Los diálogos podrían haber sido un poco mejor pero se entiende que optaron por algo más funcional que abierto a interpretaciones libres y terminamos con líneas en las que el vampiro aclara al director que no son tan diferentes cuando eso podría haber sido elicitado. Si la intención era dejar bien clara la intención de la película esto se logra muy bien al punto de ser repetitivo. Y esto separa a esta película de las que son consideradas clásicos de mayor categoría.

Tanto para un espectador promedio como para alguien con curiosidad en ir más allá de la «Nosferatu» original y quiera ver esta ficción alrededor de ella, «Shadow Of The Vampire» es más que recomendable y cumple las expectativas de buena manera.

1993 - Addams Family Values

Director: Barry Sonnenfeld
Traducción: Los Valores De La Familia Addams
País: Estados Unidos
Año: 1993

«Desearía tener más tiempo para invocar a las fuerzas oscuras y unirme en su cruzada infernal»

Dos años después de la bien recibida adaptación cinematográfica de los ires y venires de esta familia fuera de lo común llega la secuela, con el mismo grupo de actores y con la promesa de continuar con el buen nivel de la primera. Para algunos críticos esta secuela supera a la primera entrega pero en mi opinión mantiene el buen nivel de entretención de su predecesora expandiendo el universo de temas tratados sin decaer. Se nota también que todos los actores involucrados están muy cómodos en sus papeles y llevan el histrionismo de cada personaje al extremo sin caer en lo ridículo.

Pero el mayor logro de esta secuela en mi opinión, es que si bien hay una historia principal que guía la película, es más bien la narración de varias historias en paralelo que afectan a los difeentes miembros de la familia en proporciones equitativas lo que hace que todos los personajes tengan un buen momento en pantalla sin perder un hilo conductor central: por una parte tenemos la desventura del tío Lucas quien es seducido por una mujer psicópata que busca hombres ricos para casarse con ellos y matarlos luego, lo que en este caso le será más complicado que lo usual. También tenemos la historia de Merlina y Pericles alejados de su familia en un campamento de verano, rodeados de niños y niñas totalmente diferente a ellos lo que desatará varias situaciones en que el mundo normal y el de los niños Addamas no pueden concordar. Y por último tenemos a Morticia y Homero quienes se convierten en padres por tercera vez y lidian con los problemas de llevar una casa con tres hijos… en el estilo Addams. Como se puede ver las tramas son variadas y en la dirección equivocada podría haber sido un desastre confuso pero en este caso no lo es y podemos seguirlas sin perdernos.

Los personajes secundarios como el mayordomo Largo, Dedos, la abuela Addmas y hasta el tío Cosa tienen discretas pero buenas participaciones. El ritmo no se pierde en ningún momento lo que es bastante difícil de lograr en el cine de comedia. Las situaciones graciosas típicas que de esta familia están bien hechas pero también encontramos algunas referencias al mundo adulto que no dejan de llamar la atención para una película que pretende ser familiar. Por otra parte también incluye un fuerte mensaje de inclusión y una ácida crítica al modelo de sociedad norteamericana, sin dejar de ser una comedia ni convertirse en cine de protesta o propaganda.

En suma, «Addams Family Values» se hace agradable de ver y ha envejecido bien hasta estos días; esta extraña familia se siente tan hilarante, querible y auténtica en esta y su adaptación cinematográfica anterior, lo que las convierte en películas que vale la pena volver a ver cada cierto tiempo.

Kolobos

1999 - Kolobos
Directores: Daniel Liatowitsch, David Todd Ocvirk
País: Estados Unidos
Año: 1999

«Cuando estás muerto nadie puede escucharte gritar»

«Kolobos» es una película que por su temática y presentación inicial puede ser rápidamente catalogada en ese subgénero del horror llamado Slasher del que personalmente no me declaro muy fan, sin embargo el hecho de ver que una película intente enmarcarse en este estilo tanto tiempo después de los anos de esplendor del Slasher me dio la curiosidad necesaria para verla. Y no me arrepiento.

Aunque durante la primera mitad de la película parece un homenaje al estilo, comenzando con la canción de los créditos iniciales de la cuál no se requiere saber tanto para encontrar la evidente similitud con el tema principal de «Suspiria» (1977) y luego con todos los elementos más típicos que casi nos hace pensar que es una parodia, una vez que pasamos los primeros cuarenta minutos comenzamos a ver cómo la verdadera identidad de «Kolobos» comienza a aparecer para finalmente aceptar que hay un giro a lo típicamente hecho en este subgénero. Como mencionaba, todo comienza muy cliché: tenemos a los protagonistas jóvenes que en este caso aceptan encerrarse en una casa y que su vida sea filmada en todo momento para un experimento social, o lo que también conocemos como el formato Reality en la televisión. Como es de esperar, muy pronto comienzan a morir uno a uno en formas grotescas y en manos de un asesino desconocido.

El giro de esta película y lo que la diferencia de tantas otras películas típicas de Slasher o incluso de las películas de este tipo que tuvieron repercusión en la década de los noventa (como la saga «Scream» o «I Know What You Did Last Summer») es que a partir de un momento comienza a volverse un laberinto más psicológico que cada vez se va enredando más; cuando pensamos que hemos llegado al final vuelve a ofrecer un poco más y cuando finalmente termina nos deja un poco confusos pero con la sensación de haber presenciado algo diferente a lo que podíamos haber esperado al momento de elegir ver esta película.

Audiovisualmente no ha envejecido bien pero en parte se agradece el ingenio para los efectos especiales en los que no hay retoques digitales de por medio, el guión es muy, muy cliché y puede ser un poco exasperante y distractivo (antes mencioné que en un momento podemos creer que es una parodia), las actuaciones tampoco tienen nada de espectacular aunque sí destaca la protagonista (Amy Weber) sobre los demás debido al giro psicológico de su personaje al que hacía alusión en el párrafo anterior. Sin embargo, no se puede desconocer que es una película con corazón y hecha con mucho cariño por parte de sus realizadores, considerando su fecha de realización se debe reconocer cierta originalidad como en cuanto a llevar el Slasher al interior de una casa en formato Reality y ser precursora de lo que sería la norma en el género de horror de la siguiente década, encabezada por películas como «Saw» (2003) y su extensa saga. No se trata de una película destinada a convertirse en un clásico pero sí cumple con ser un poco más que simplemente entretenida y no dejar indiferente a quién la ve.

The Craft

1996 - The Craft

Director: Andrew Flemming
País: Estados Unidos
Traducción: Jóvenes Brujas
Año: 1996

«We are the weirdos, mister»

En los años noventa, en la época pre-Internet, cuando todavía un adolescente podía creer que era único en el mundo al carecer de acceso a la información global, hubieron varias películas que salieron intentando mostrar a los púberes de la época cómo y quién ser, la mayoría de estas películas veces hechas como fotocopias, y en ocasiones también salían películas como la que será mi tema de atención hoy, que es más bien una sátira a todos los temas que toca, al menos en la superficie. En el mundo de hoy en donde está toda la información disponible paa cualquiera una película de este tipo no funcionaría.

La película comienza con tres jóvenes brujas intentando hacer un hechizo al parecer sin mucho éxito (pronto entenderemos que les falta la cuarta integrante para lograr lo que quieren) y pronto la escena cambia a una adolescente que llega con su familia a vivir a la ciudad en donde se desarrolla la historia. Se trata de una adolescente que se ha sentido diferente, única y especial toda la vida y que rápidamente conocerá a las otras tres brujas para ser, por supuesto, la cuarta integrante que tanto anhelaban. De ahí en adelante la película se desarrolla sobre temáticas adolescentes típicas como el racismo, la incomprensión familiar, la inseguridad ante no sentirse bella, el descubrimiento del amor, enemistades entre ellas, entre otras, tal como cualquier otra película de adolescentes, salvo que teñida de negro y un ambiente forzádamente siniestro que al final termina siendo uno de esos casos «tan malo que es bueno». Una vez que estas cuatro brujas se unen, es fácil adivinar que desencadenarán un poder mayor que ellas que no podrán controlar ni sus consecuencias, y que las llevará a cada una a aprender una lección. Todo esto musicalizado por una buena banda sonora, quizás lo mejor de la película, secundada por la cinematografía y el sentido de la moda de la época.

Si es que nos quedamos con esa visión entonces tenemos una película que no llega a ser mala y cumple la expectativa de entretener durante su hora y cuarenta minutos de duración, pero que tampoco llega a ser memorable. De hecho al verla de nuevo, como adulto, recordé que la había visto en mi adolescencia pero la había olvidado casi por completo.

El otro análisis que podemos hacer es del punto de vista psicológico. Como escribí anteriormente, en apariencia parece más bien una sátira a cierto tipo de desadaptados sociales pero podemos ir más allá. También, como dije, bajo el manto de hechicería la película trata más bien de los conflictos típicos adolescentes (femeninos en este caso) y cuando desarrolla esta parte son los momentos más brillantes de la película: es cuando las actrices pueden realmente dar personalidad a sus personajes y algo de sustancia a la película, pero tampoco mucha porque se entiende que la película fue concebida con otro enfoque. El resultado es que queda a medio camino entre una película demasiado cliché y una introducción a la compleja psicología femenina. Ni siquiera el poder superior de turno en la película, aquí llamado Manon, parece ser más fuerte que las pulsaciones adolescentes y ansias de las protagonistas.

Un último punto de vista: la cuarta bruja, la protagonista rubia, si bien también cae parcialmente víctima de sus ambiciones, en todo momento parece ser más conciente que las demás de su propio poder y de las consecuencias de jugar con lo prohibido, lo que se enfatiza más en la última escena. Entonces: ¿qué lectura realmente debemos hacer de este personaje? Ella llega a desatar la acción, por supuesto, y con esto las ambiciones de las tres brujas originales, pero ella se mantiene siempre más estable que las demás, y finalmente no sacrifica nada (digamos que perder a un pastel imbécil no significa mucho en la vida). Entonces, ¿fue ella el mismísimo Manon todo el rato? ¿Somos nosotros los que desencadenamos su poder al elegir ver esta película? ¿Y tenía Manon que ser masculino, dada la naturaleza de la película?

Street Fighter

1994 - Street Fighter

Director: Steven E. de Souza
País: Estados Unidos
Año: 1994

«Worker ants scurrying about with their pitiful weapons, afraid of the purity, of unarmed combat!»

Para hablar de «Street Fighter» como película separándola del videojuego de la que deriva primero debemos establecer el contexto en que fue concebida y realizada: En la década de los ochenta la industria de los videojuegos creció de manera exponencial en el mundo y naturalmente los juegos fueron haciéndose más complejos en sonido, gráficos, variedad y principalmente guión. En este contexto apareció el juego «Street Fighter II», que era la continuación de, obviamente, «Street Fighter», y significó un gran avance respecto a su primera parte por las mejoras en los aspectos mencionados anteriormente pero principalmente en cuanto a incluir peleadores de diversas partes del mundo con una historia coherente que los llevaba a participar en lo que finalmente se traducía en repartir golpes hasta que el oponente cayera en  aproximádamente sesenta segundos. Las historias eran simples y tenían una conclusión si uno llegaba a derrotar al villano final (M. Bison), la cual era simple pero era todo lo que los niños y jugadores de ese entonces necesitábamos para cautivarnos con el juego. La industria comercial del cine vio en este creciente mundo de los videojuegos la posibilidad de hacer dinero rápido y fácil y así fue como en la década de los noventa se hicieron varias adaptaciones de videojuegos a la pantalla grande con resultados generalmente reprobables y en otros un derecho fracaso (Super Mario Bros., 1993). En la década de los dos mil y hasta la actualidad continúan adaptándose guiones de videojuegos a la pantalla grande, sin embargo, la progresiva complejidad de los mismos y las nuevas directrices del cine hacen la tarea aún más difícil. Pero esa es otra historia, volvamos a los noventa.

Todo el contexto del párrafo anterior me sirve para defender que «Street Fighter» sí es una buena película dentro de los márgenes que tenía para desarrollarse, tanto desde la trama inicial del videojuego como por el contexto cinematográfico en que se hizo. La historia es simple: En Shadaloo, un país dominado por el demente tirano M. Bison, se produce el secuestro y posterior irrisoria petición de rescate de un grupo de gente, entre los cuáles se encuentran algunos de los personajes protagonistas del videojuego. En particular en este grupo se encuentra Carlos «Charlie» Blanka, para quien Bison tiene planes diferentes. Esto  hace que el coronel Guile (Jean-Claude Van Damme) llegue a poner órden a las cosas. Lo demás se deduce sólo y no es necesario ser adivino para conocer el final sin siquiera ver la película. Comienzan a aparecer los estereotipados  peleadores del videojuego, tan estereotipados como en el videojuego; los diálogos son clichés y no resisten segundas lecturas tal como en el videojuego, a medida que cada personaje se ve forzado a pelear van mostrando los movimientos y poderes que estamos acostumbrados a ver en el videojuego, y así en adelante, no hay grandes sorpresas pero sí una buena hora y media que nos entretiene sin sacarnos fuera de nuestra zona de comodidad sino que apela a nuestra nostalgia de forma amistosa y lisonjera.

Con todo lo que perdono a la película, no puedo dejar de mencionar como puntos bajos la cosificación que se hace de las mujeres, aunque en los noventa era algo aparentemente normal y que no levantaba polémicas aunque a algunos sí nos molestaba y lo encontramos demás. Chun-Li pasa de ser una reportera brillante con habilidades para pelear y sed de venganza a un simple objeto de deseo para Bison, Cammy, quien pudo tener mayor y mejor protagonismo pasó a ser una débil admiradora de Guile, desaprovechando a la cantante y ocasional actriz Kylie Minogue por completo. Blanka y Dhalsim, pese a ser partes del eje principal de la trama no llegan nunca a pelear, y ya están incluidos en una película de acción derivada de un videojuego de peleas es imperdonable que no tengan su minuto de gloria peleando.

Si bien los protagonistas indudables del videojuego son Ryu y Ken, en la película pasan a un segundo plano cediendo el protagonismo a Guile y al villano Bison, muy bien interpretado por el actor Raul Julia en el papel del villano loco y autoendiosado, sin saber que sería el último papel de su carrera (falleció al poco tiempo de terminar de filmar sus escenas). Él es lo mejor de la película sin dudas. Las secuencias de peleas también están bien logradas, hechas bajo la cinematografía típica de las películas de acción pero que permite una buena apreciación de, por ejemplo, tres peleas al mismo tiempo en la parte final de la película. Los personajes reflejan sus movimientos y poderes típicos del videojuego de forma apropiada con algunas perdonables licencias.

Si tal como yo, quien lee estos comentarios es alguien que puede perdonar lo errático, cliché y rimbombante de la película y logra verla con la misma ingenuidad con la que alguna vez nos paramos frente a alguna máquina de arcade de «Street Fighter II» sin cuestionar nada sino que con la simple intención de disfrutar un rato apretando botones para derribar a algún oponente, entonces sí se puede disfrutar esta película e incluso afirmar que resiste el paso del tiempo decentemente. Al menos yo no puedo dejar de verla si me la topo de casualidad por ahí. Es la pureza del combate sin armas, nada más.

Election

1999 - Election

Director: Alexander Payne
País: Estados Unidos
Traducción: La Elección
Año: 1999

«Or don’t vote for me! Who cares? Don’t vote at all!»

«Election» es una mirada de cerca a la vida y hechos ocurridos en una escuela de una ciudad pequeña en el período de tiempo alrededor de la elección de asesor del consejo estudiantil, cargo que en países como en el que vivo se conoce como «presidente del centro de alumnos».

Los protagonistas principales son un profesor (Matthew Broderick) cuya vida gira en torno a su lugar de trabajo, quien es el encargado de velar por el correcto desarrollo de la elección y una alumna sobresaliente en todos los aspectos (una joven Reese Witherspoon) para quien es natural ser la primera en todo y a quien veremos hacer lo impensable por llegar al cargo que cree que naturalmente le pertenece. Toda la trama gira en torno a la tensión entre ambas fuerzas y cómo cada uno de ellos arman, efectúan y fallan en sus estrategias para conseguir sus objetivos. Pero una historia de este tipo necesita más personajes y en esta película encontramos a los acompañantes precisos para nuestros protagonistas: una pareja de hermanos que intervendrán modificando el panorama electoral, la esposa y amigos del profesor, el director de la escuela, entre otros.

La gran gracia de la película es que todos los personajes están muy bien pensados e interpretados; cada uno posee un carácter propio y distintivo y además son fácilmente identificables en cualquier parte del mundo, lo que nos compromete rápidamente con la película. Las interacciones entre los personajes se dan de manera natural y van contando la historia a buen ritmo sin convertirse en distracciones a pesar de que en ocasiones parece que los personajes avanzan en direcciones diferentes, sin embargo al final todos llegan a coincidir y contribuyen a los enredos y desenlace de la historia. La forma narrativa es el fuerte de la película y en esto se nota el buen trabajo de guión y dirección de Alexander Payne, cuyo cine está marcado por situaciones cotidianas bien contadas de las que se desprenden enseñanzas y verdades universales.

A través de distintas maneras de hacernos partícipes de los sucesos, como primerísimos primeros planos, momentos en que diferentes personajes se dirigen a nosotros contándonos sus puntos de vista y a la vez hablándonos de sí mismos y personajes que con muy pocas o simplemente ninguna línea se vuelven relevantes para la película nos enteramos, la mayor parte en tono de comedia, de que el dicho «pueblo chico, infierno grande» se cumple con más frecuencia de lo que creemos.

El espiral en caída en la vida personal del profesor protagonista, los secretos oscuros de algunos personajes, la inocencia y buena fe incorruptibles del alumno que entra a competir en la elección, la rebeldía de su hermana, la debilidad y obsesiones de los adultos involucrados en la trama, nos dan cuenta de una historia en que las imprecisiones y contradicciones humanas guían los comportamientos de los personajes y las impensadas consecuencias de lo que debería haber sido simplemente una elección más dentro una escuela secundaria en una ciudad pequeña.

Podemos ver a esta película como una buena comedia pero también como un análisis ácido sobre el estado de la política de los noventa en Estados Unidos (marcados por el escándalo de Bill Clinton y Monica Lewinsky, al cual encontramos un guiño más que obvio en la película). En ambos niveles funciona bastante bien.

The Cell

2000 - The Cell

Director: Tarsem Singh
País: Estados Unidos
Traducción: La Célula
Año: 2000

«The Cell» es una de las tantas películas que tienen una buena idea inicial pero que se diluyen en el camino. No es una mala película, es sólo que podría haber tenido un desempeño mejor de no haber primado las directrices comerciales de Hollywood de principios de siglo.

La trama es sobre una psicóloga que participa en un centro de experimentación súper moderno en el que han logrado entrar, literalmente, en la mente de sus pacientes para curarlos desde su propio imaginario mental. Justo cuando el programa no estaba dando los resultandos esperados el FBI va en busca de su ayuda para resolver el caso de un asesino en serie en estado de coma pero que aún mantiene una víctima con vida a quien, de acuerdo al modo de operar del asesino, le queda poco tiempo de vida. Nuestra psicóloga deberá entrar en la mente del individuo y resolver el caso desde ahí. Lo que encontrará en ese lugar es mucho más escalofriante de como el caso parecía en un comienzo.

Hasta ahí esta todo bien, el argumento se sostiene y podemos empatizar con los personajes presentados; podría incluso haberse extendido la idea para hacer una saga de películas o tal vez una serie, sin embargo, en su desarrollo y descenlace más que obvio, la película pierde varios puntos. Si bien los momentos en los que presenciamos lo que hay en la mente del asesino son atrapantes, ya sea por los efectos especiales o por lo (un poco forzadamante) chocante de las imagenes, el momento en que fuerzan la entrada en escena de un héroe que la película no necesitaba y la forma en que se resuelven los conflictos distraen de la esencia original y sólo nos queda dejarnos guiar hasta el final de la película sin hacernos cuestionar nada. Allí donde se pudo hacernos partícipe de la trama y de intentar resolver el puzzle, se nos quitó la oportunidad en pos de una resolución facilista. Donde pudo haber primado la psicología y haber quedado un final más abierto, se privilegió la narrativa típica de una película de acción.

De todas maneras se agradece el haber mantenido la historia en el terreno acotado al universo que propone y no intentar forzar una historia de romance entre la psicóloga y el agente del FBI de turno, lo que habría estropeado totalmente la cinta. Las actuaciones están bien destacándose Vincent D’Onofrio en el papel del asesino en serie como suele ocurrir en este tipo de películas, sin embargo se nota que el elenco se vio limitado a las directrices comerciales que ya he mencionado.

Aún así, la película se deja ver con facilidad pero nos deja la sensación de que pudo haber sido mejor desarrollada y resuelta. No la consideraremos una hora y media de tiempo perdido pero tampoco algo que nos lleve a cuestionarnos ni profundizar en nada de lo planteado en ella.

2000 - Hellraiser 05, Inferno

Director: Scott Derrickson
País: Estados Unidos
Año: 2000

Aunque no es misterio para nadie que las sagas que se expanden mucho en el tiempo tienden a decaer en calidad y contenido, existe un recurso de salvación que en ocasiones es usado por los cineastas y es el de contar una película completamente diferente de la original, manteniendo sólo el nombre de la saga y algunos de los elementos clasicos de los originales, casi como un homenaje a la marca de calidad registrada por la primera (o primeras) entrega(s) de la saga.

En este caso nos enfrentamos a la quinta película bajo la etiqueta «Hellraiser», y de la cinta original sólo nos queda el icónico Pinhead, aunque en un papel bastante reducido y hasta camuflado bajo el nombre de «Ingeniero» (aunque es inevitablemente obvio de quién se trata) al igual que sus cenobitas y la cajita fatal que siempre da inicio al desfile de atrocidades típicas de la saga. Sin embargo, en este episodio la acción se desenvuelve en un nivel más bien psicológico a partir de un protagonista caótico, quedando Pinhead y los otros elementos clásicos relegados a un segundo y hasta tercer plano.

Tenemos a un hombre aproblemado cuyo pecado es la soberbia, pecado que lo conducirá hacia un camino de perdición del que le será muy difícil salir, peor aún si ha sido elegido por el mencionado Ingeniero para lavar sus pecados a través del dolor. Y en este punto es en el que creo los realizadores se tomaron más libertades al respecto a cómo nos fue presentado Pinhead en los inicios de la saga: en «Inferno» más bien parece un diablo condenado a sus propias limitaciones, un viejo sabio y gruñón que tiene que cumplir obligado con la función de depurar el alma del elegido de turno, forzando cada situación más y más hacia el arcaico juego de la culpa, lo que lo hace ver bastante moralista y menos amenzador que en su escencia original.

Y por supuesto, en el desarrollo de este vía crucis del protagonista encontramos escenas de bastante violencia gráfica que pueden dejar contento al público que se acerca a este tipo de películas sólo por este elemento.

Mencioné anteriormente el elemento psicológico de la película, y en realidad es lo predominante y lo mejor de la película, y es lo que desencadena la violencia gráfica mencionada anteriormente. El protagonista debe analizar su vida completa y lo que ha hecho de ella a través del dolor y la expiación moralista: el clásico juego de Pinhead, cada vez más apegado a los cánones de un inquisidor católico más que a los de un verdadero demonio.

A pesar de todo no se trata de una mala película. Tampoco puedo decir que es excelente pero sí logra sustentarse por sí misma. Ofrece diversión y una trama decente, que no pasa más allá de una introducción a la psicología pero que finalmente puede motivar a algún espectador a investigar sobre algunos de los tópicos planteados en el mejor de los casos.

The Big Lebowski

1998 - The Big Lebowski

Directores: Ethan Coen, Joel Coen
País: Estados Unidos
Traducción: El Gran Lebowski
Año: 1998

Así como en el caso de «Groundhog Day» (1993), comentada anteriormente, esta película es otro clásico moderno que no podía estar ausente en este rincón dedicado a la crítica de cine. «The Big Lebowski» incluso se ha convertido en objeto de culto, con variados productos relacionados a la película que se venden y conferencias de parte de sus protagonistas que hasta el día de hoy ocurren.

Y es que en esta película confluyen muchos elementos del buen cine: en primer lugar encontramos el guión y dirección de los hermanos Coen en su mejor forma, llenando la película con detalles que la hacen fácilmente identificables con el espectador pero sin dejar de lado la inteligencia y la dosis adecuada de buen gusto narrativo y estético. Los personajes son bien definidos y queribles, todos tienen la participación precisa en el desarrollo de la historia, y por supuesto son interpretados por actores a la altura del desafío (Jeff Bridges en el protagónico, secundado por John Goodman, Julianne Moore, Steve Buscemi, John Turturro, y el fallecido Phillip Seymour Hoffman). En este punto cabe mencionar la perspicacia de los hermanos Coen para crear una recordable escena introductoria que engancha inmediatamente al espectador y que ha pasado a ser un referente obligado para otras películas que intentan transitar por esta senda.

Seguimos la historia de «El Dude», apodo del cual no tiene sentido hacer la traducción pero que existe y es fácilmente identificable en cualquier parte del mundo: un holgazán cuyas única preocupación es sobrevivir al margen de la sociedad, sin causar ni meterse en problemas. Una filosofía de vida que parece simple pero que requiere de cierta preparación, por ejemplo vemos a lo largo de la cinta  que «El Dude» practica algún tipo de meditación oriental y además lee «El Ser y la Nada», de Jean Paul Sartre. Pero el azar le tiene reservado una aventura única a nuestro protagonista que no podrá evadir: «El Dude» es confundido con un multimillonario de quien algunas personas quieren obtener dinero, y esto rápidamente terminará involucrándolo, junto a sus amigos, en situaciones hilarantes y con otros personajes igual de particulares: un productor de películas pornográficas y sus matones, un mayordomo muy al estilo Smithers en Los Simpsons, una feminista acérrima que también querrá obtener algo del «Dude», un grupo de «nihilistas» alemanes (entre los que se encuentra «Flea», de los Red Hot Chili Peppers), y por supuesto los amigos del protagonista: un violento veterano de Vietnam para quien toda clase de temas se puede relacionar con sus experiencias en la guerra, y Donnie, un carismático personaje sobre quien pesa la teoría de si es real o no, lo que queda a interpretación del espectador, como en toda buena película. También merece una mención especial Jesús Quintana, quien en sus pocas escenas le añade color y contexto a la historia.

Finalmente, esta es una de las comedias mejor logradas en el cine moderno precisamente porque tiene un sentido del humor inteligente pero a la vez accesible a todo el mundo (lo que suena redundante pues «inteligente» no debiera ser nunca sinónimo de «elitista»), la historia fluye a buen ritmo de principio a fin, la narrativa nunca decae, y los personajes son accesibles e identificables en la vida real. Por todo esto, «The Big Lebowski» es altamente recomendable.