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Street Fighter

1994 - Street Fighter

Director: Steven E. de Souza
País: Estados Unidos
Año: 1994

«Worker ants scurrying about with their pitiful weapons, afraid of the purity, of unarmed combat!»

Para hablar de «Street Fighter» como película separándola del videojuego de la que deriva primero debemos establecer el contexto en que fue concebida y realizada: En la década de los ochenta la industria de los videojuegos creció de manera exponencial en el mundo y naturalmente los juegos fueron haciéndose más complejos en sonido, gráficos, variedad y principalmente guión. En este contexto apareció el juego «Street Fighter II», que era la continuación de, obviamente, «Street Fighter», y significó un gran avance respecto a su primera parte por las mejoras en los aspectos mencionados anteriormente pero principalmente en cuanto a incluir peleadores de diversas partes del mundo con una historia coherente que los llevaba a participar en lo que finalmente se traducía en repartir golpes hasta que el oponente cayera en  aproximádamente sesenta segundos. Las historias eran simples y tenían una conclusión si uno llegaba a derrotar al villano final (M. Bison), la cual era simple pero era todo lo que los niños y jugadores de ese entonces necesitábamos para cautivarnos con el juego. La industria comercial del cine vio en este creciente mundo de los videojuegos la posibilidad de hacer dinero rápido y fácil y así fue como en la década de los noventa se hicieron varias adaptaciones de videojuegos a la pantalla grande con resultados generalmente reprobables y en otros un derecho fracaso (Super Mario Bros., 1993). En la década de los dos mil y hasta la actualidad continúan adaptándose guiones de videojuegos a la pantalla grande, sin embargo, la progresiva complejidad de los mismos y las nuevas directrices del cine hacen la tarea aún más difícil. Pero esa es otra historia, volvamos a los noventa.

Todo el contexto del párrafo anterior me sirve para defender que «Street Fighter» sí es una buena película dentro de los márgenes que tenía para desarrollarse, tanto desde la trama inicial del videojuego como por el contexto cinematográfico en que se hizo. La historia es simple: En Shadaloo, un país dominado por el demente tirano M. Bison, se produce el secuestro y posterior irrisoria petición de rescate de un grupo de gente, entre los cuáles se encuentran algunos de los personajes protagonistas del videojuego. En particular en este grupo se encuentra Carlos «Charlie» Blanka, para quien Bison tiene planes diferentes. Esto  hace que el coronel Guile (Jean-Claude Van Damme) llegue a poner órden a las cosas. Lo demás se deduce sólo y no es necesario ser adivino para conocer el final sin siquiera ver la película. Comienzan a aparecer los estereotipados  peleadores del videojuego, tan estereotipados como en el videojuego; los diálogos son clichés y no resisten segundas lecturas tal como en el videojuego, a medida que cada personaje se ve forzado a pelear van mostrando los movimientos y poderes que estamos acostumbrados a ver en el videojuego, y así en adelante, no hay grandes sorpresas pero sí una buena hora y media que nos entretiene sin sacarnos fuera de nuestra zona de comodidad sino que apela a nuestra nostalgia de forma amistosa y lisonjera.

Con todo lo que perdono a la película, no puedo dejar de mencionar como puntos bajos la cosificación que se hace de las mujeres, aunque en los noventa era algo aparentemente normal y que no levantaba polémicas aunque a algunos sí nos molestaba y lo encontramos demás. Chun-Li pasa de ser una reportera brillante con habilidades para pelear y sed de venganza a un simple objeto de deseo para Bison, Cammy, quien pudo tener mayor y mejor protagonismo pasó a ser una débil admiradora de Guile, desaprovechando a la cantante y ocasional actriz Kylie Minogue por completo. Blanka y Dhalsim, pese a ser partes del eje principal de la trama no llegan nunca a pelear, y ya están incluidos en una película de acción derivada de un videojuego de peleas es imperdonable que no tengan su minuto de gloria peleando.

Si bien los protagonistas indudables del videojuego son Ryu y Ken, en la película pasan a un segundo plano cediendo el protagonismo a Guile y al villano Bison, muy bien interpretado por el actor Raul Julia en el papel del villano loco y autoendiosado, sin saber que sería el último papel de su carrera (falleció al poco tiempo de terminar de filmar sus escenas). Él es lo mejor de la película sin dudas. Las secuencias de peleas también están bien logradas, hechas bajo la cinematografía típica de las películas de acción pero que permite una buena apreciación de, por ejemplo, tres peleas al mismo tiempo en la parte final de la película. Los personajes reflejan sus movimientos y poderes típicos del videojuego de forma apropiada con algunas perdonables licencias.

Si tal como yo, quien lee estos comentarios es alguien que puede perdonar lo errático, cliché y rimbombante de la película y logra verla con la misma ingenuidad con la que alguna vez nos paramos frente a alguna máquina de arcade de «Street Fighter II» sin cuestionar nada sino que con la simple intención de disfrutar un rato apretando botones para derribar a algún oponente, entonces sí se puede disfrutar esta película e incluso afirmar que resiste el paso del tiempo decentemente. Al menos yo no puedo dejar de verla si me la topo de casualidad por ahí. Es la pureza del combate sin armas, nada más.

Trainspotting 02

2017 - Trainspotting 02

Director: Danny Boyle
País: Inglaterra
Traducción: Trainspotting 02
Año: 2017

«She’s too young for you»

Sin entrar en mucho detalles de los méritos que todos conocen, la original «Trainspotting» fue una película que marcó una década y una generación. Con esas credenciales el objetivo de igualar o sobrepasar esos méritos era imposible. Al parecer eso lo entendieron bien el director Danny Boyle, los protagonistas y todo el personal involucrado en «Trainspotting 02». Cuando eso ocurre, y lo entendemos también como público, entonces podemos apreciar el resultado del producto por lo que es, no por lo que queremos que sea. Tomar esta actitud supone algunos riesgos, pues se sabe de antemano que los fanáticos más acérrimos, esos que se aprenden línea por línea el guión y esperan que las segundas partes sean un calco de la original o que no les cambien las leyes del universo ficticio del que se enamoraron, rechazarán cualquier intento de expansión o cambio, llamémoslo derechamente evolución, en los personajes y en lo que ellos suponen deben hacer y debe ocurrir.

Es precisamente con esa palabra, evolución, con lo que nos encontramos desde las primeras escenas de la película. La vida continuó e hizo lo suyo con cada personaje de la original Trainspotting, quienes vuelven a encontrarse e interactuar después de veinte años: Begbie escapando de la cárcel lleno de ira, Renton volviendo a Edimburgo golpeado por la vida después de fallar en su intento de tener una vida normal, Spud rebotando sin rumbo por la vida y hasta atentando contra la propia, y Sick Boy sobreviviendo a su manera, a través de chantajes y estafas. También merece una mención destacada Diane, quien con pocos momentos en pantalla aporta a la nueva historia y le da un cierre definitivo a su personaje, contribuyendo también con la cita con la que comienzo esta crítica («She’s too young for you»), cita que es también uno de los motivos principales de la historia. El reencuentro de estos cuatro personajes sin futuro ni lugar en el mundo marca el comienzo de nuevas aventuras y situaciones que irán escalando en violencia obviamente, las que al final de la película se resuelven de tal forma que cada cual se queda con lo que merece de acuerdo a las características clásicas, las nuevas cualidades y los talentos mostrados en esta segunda parte.

A pesar de mostrarnos un nuevo momento en la vida de los personajes, recurrir a la nostalgia y a recrear ciertos momentos de la Trainspotting original era inevitable, y el resultado en ocasiones es positivo y en otras no tanto. Las referencias sutiles a David Bowie y el desarrollo de la historia familiar de Begbie justificando su personalidad y su legado se ven bien; no así la obligada parte del discurso «Choose life» de Renton, que cuando llega se ve bastante forzado y no llega a tener la fuerza que podría haber tenido, tampoco las secuencias bajo la influencia de estupefacientes ni el momento «desagradable» de Spud. La película, presentada bajo el concepto de evolución desde la primera parte, podría haber funcionado perfectamente sin esos momentos.

En cuanto a la trama, es una historia de cuarentones perdedores buscando algún sentido en una vida en la que no encajan. La venganza, la amistad, las oportunidades y la traición confluyen bien para entretenernos por lo que dura la película. El objetivo se logra sin pena ni gloria. No nos deja con ganas de ver una tercera parte con los protagonistas en su sexta década de vida pero satisface a la intriga de saber qué ocurrió con los cuatro queribles drogadictos de Edimburgo, veinte años después.