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1960 - Les Yeux Sans Visage

Director: Georges Franju
País: Francia
Año: 1960

«Mi rostro me asusta. Mi máscara me asusta aún más»

Esta es una película que no es perfecta pero tiene de todo para ser inspiración para muchas otras. Si bien lo primero que se nos presenta es que es una película de horror, y un horror bastánte gótico, sería una torpeza clasificarla únicamente en ese género pues también tiene bastante drama, lo que al estar entrelazado siempre con el horror presente la hace una cinta única. Tampoco llega a ser completamente una película de autor pues está bien delimitada en los estándares cinematográficos de la época.

La trama es sobre un prestigioso cirujano quien ayudado por una fiel asistente buscan la solución para devolver el rostro a la hija del protagonista, quien quedó horriblemente desfigurada luego de un accidente automovolístico cuyo culpable fue su padre. Esta solución, por supuesto, involucra la muerte de terceras personas. Mientras se suceden eventos de ensayo y error en la búsqueda del nuevo rostro de Christiane (la hija del cirujano) ocurren varias acciones que eventualmente terminarán en un desenlace trágico para todos.

Esta es una historia que podría haber sido contada de varias maneras pero de la forma en que está hecha está muy bien, permitiéndonos entender a los personajes y sus motivaciones. El blanco y negro en que está filmada ayuda a aumentar el dramatismo y tensión presente en toda la cinta. Tiene una acotada banda sonora que suena en los momentos precisos para acrecentar la locura de esas escenas, sin embargo, en los momentos en que ocurren los hechos más macabros o dramáticos sólo escuchamos de fondo el ladrido incesante de unos perros (quienes también tienen un rol importante en la película), lo que también incrementa el nivel de drama que se quiere transmitir.

Además hay mucho simbolismo involucrado en esta película, lo que puede cautivar a cierto público y aburrir a otro como siempre, desde el ya mencionado uso del blanco y negro, como los enfoques de las escenas, el significado de la máscara que usa Christiane para ocultar su rostro y otros que no quiero mencionar para no contar más de lo debido. Aún así no podría decir completamente que es una película de horror psicológico, pues también tiene escenas de bastante violencia y contenido gráfico que hasta el día de hoy pueden asustar. Su narrativa le debe bastante al estilo de Edgar Allan Poe (véase «Ligeia» y «La caída de la casa Usher») y podríamos decir que es un tipo de historia que el mencionado escritor podría haber escrito de haber vivido en el tiempo en que esta película fue creada.

Por esto, «Les Yex Sans visage» es una película multigénero que con el paso del tiempo se ha convertido en un clásico que vale la pena conocer.

1961 - L'Annee Derniere A Marienbad

Director: Alain Resnais
País: Francia
Traducción: El Año Pasado En Marienbad
Año: 1961

En un elegante castillo en el que vemos lujos, grandes salones, pasillos e interminables y un igualmente opulento e inquietante jardín exterior hay una serie de personajes tan elegantes como irreales que interactuan entre ellos en conversaciones efímeras sin fin, situaciones sin importancia que se suceden unas tras otras o paralelamente atrapadas en una eterna vanalidad, coronada por la música de un letárgico organo que parece estar tocando un requiem sin fin. Entre los personajes de este ambiente de pesadilla sobresalen dos hombres y una mujer, de los cuáles nunca sabremos sus nombres pero serán quienes de alguna forma guíen la nebulosa trama hacia… ninguna parte. Uno de los hombres insiste en hablar con la mujer intentando que ella recuerde un encuentro que ellos sostuvieron el año pasado y en el que ella pidió un año de plazo para tomar una decisión. Ella insiste en que no lo conoce pero ocasionalmente parece dar la impresión de acceder, o haber correspondido a sus demandas amorosas o al menos escucha toda su narración. Estas conversaciones se llevan a cabo en los diferentes escenarios descritos al principio y sin un orden o línea temporal tangible, y son constantemente interrumpidos por el segundo hombre, de quien por supuesto no nos queda claro qué relación tiene con la mujer pero no cabe duda que ejerce una fuerte influencia sobre ella (y sobre nosotros como espectadores, pues su aspecto solemne no pasa desapercibido y nos mantiene constantemente intentando descifrar quién es y cómo intervendrá en la trama). A medida que la narración avanza todo se vuelve intencionalmente más y más confuso, aunque no cuesta comprender que lo que se intenta es desactivar el punto de vista lógico que un espectador naturalmente tiene al comenzar a ver una película y reemplazarlo por algo que coincide más con la forma en que soñamos. No necesitamos entender la película de manera lineal sino simplemente permitirle entrar en nuestro subconciente y dejarla conectar con alguna de nuestras emociones.

«L’Annee Derniere A Marienbad» es una película que polarizó audiencias en su tiempo, y desde esos lejanos 1961 hasta hoy no ha perdido esa facultad y puede seguir polarizando al espectador que la ve ahora, es por esto que estoy de acuerdo en considerarla un gran clásico, independiente si coincide con mis gustos personales o no.

Desde la vereda de los detractores se puede argumentar que es incomprensible y artificialmente pretenciosa, un capricho de sus creadores con el único fin de confundir al espectador y que eso no amerita calidad, sino que sólo se trata de un truco de magia barato bien ejecutado pero no mucho más. Por otra parte se puede argumentar que si bien no fue la primera, sí es una película sólida que sentó los canones de la narrativa onírica, un estilo adoptado fuertemente por cineastas como David Lynch o Stanley Kubrick, por ejemplo. Como dije antes, la forma confusa de contarnos la historia se trata de una invitación directa a disfrutarla desde nuestras emociones primitivas y no desde la racionalidad.

Lo que no se puede desconocer es la evidente belleza estética y la dedicación de sus creadores para entregarnos la atmósfera imprecisa e inquietante en que se desarrolla la cinta. Filmada en un pulcro blanco negro y en pantalla ancha, lo que le da la posibilidad de crear escenas en que las acciones y los personajes se superponen en el tiempo y espacio, incrementando el sentido de ambigüedad de la narración.

Cerrando mi comentario, «L’Annee Derniere A Marienbad» es una película trascendente e influyente hasta el día de hoy, homenajeada en incontables ocasiones pero siempre hermética. Una película que es difícil no quererla por su belleza estética y difícil de olvidar por su estilo de narración centrado en plantear preguntas y jamás ofrecer respuestas.