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Possessor

Director: Brandon Cronenberg
País: Canadá
Año: 2020

«No puedo tener a mi artista estrella desmoronándose»

En las primeras escenas y sin ningún preámbulo vemos a una mujer realizarse una especie de cirugía en la cabeza, luego cometer un asesinato a sangre fría y finalmente intentar suicidarse de un disparo en la boca no sin antes pronunciar con voz firme «Sácame»; no consigue suicidarse pero termina muerta a balazos por agentes policiales. De esta manera se presenta el mundo de «Possessor», una película de horror y ciencia ficción con una historia simple pero compleja en su realización.
Inmediatamente después de la escena previamente descrita aprendemos que en realidad la mujer del asesinato se encontraba «poseída» por otra mujer a través de un sofisticado sistema que posibilita que alguien más tome el control de nuestro cuerpo y esta tecnología está en manos de una empresa de alto calibre que realiza estos asesinatos por cuantiosas sumas de dinero. Después de este trabajo, la agente que en realidad comete los crímenes toma un breve descanso y visita a su familia antes de tomar su siguiente misión. Vamos entendiendo que no todo está bien en su personalidad, lo que llevará a tener dificultades y esto desencadena las conflictos de la película.
Como escribí anteriormente una vez que logramos decodificarla se trata de una historia bastante simple pero contada de manera que puede confundir a los espectadores que no estén dispuestos a poner atención a la información que se nos va entregando lentamente. Sin ser excesivamente larga (una hora y curenta minutos de duración) puede hacerse más cansadora y pesada de ver por su estilo de narrativo y visual.
Cabe mencionar que el director es Brandon Cronenberg, hijo de David Cronenberg, un director reconocido por hacer del cuerpo humano el hogar de sus historias de horror desarrollando un estilo que sería denominado «horror físico», una variante bastante efectiva. Su hijo continúa su legado pero con estilo propio de manera que la obra de su padre queda como referente sin molestar ni obscurecer la película que estamos presenciando. Por esto mismo esta historia es muy visual y este aspecto está muy bien logrado, por supuesto con muchos efectos especiales pero que resultan bien hechos y funcionales a la trama, enfatizando el concepto de horror físico mencionado expresado, en este caso, a través de la posesión de cuerpos. A medida que la película va avanzando vamos presenciando diversas escenas de pesadilla en la medida que no todos los planes de los protagonistas van resultando como querían y sus personalidades se entrelazan violentamente.
Otro punto fuerte a destacar es la actuación de los dos protagonistas principales, interpretados por Andrea Riseborough y Christopher Abbott, quienes sin exagerar mucho logran convencernos de sus roles que son particularmente difíciles, pues se trata de interpretar las personalidades de otro en un contexto dramático y en ocasiones estas personalidades van cambiando rápidamente. Es decir ambos actores son convincentes interpretando el rol de su personaje y el del otro, por extraño que parezca decirlo pero pertinente a la película.
Para concluir puedo decir que es una película entretenida, no ofrece una idea realmente original pero logra contarse bien y aprovecha de buena manera los recursos de la época (año 2020) para contar una historia que invita a verla otra vez para prestar atención a todos sus detalles y que cimenta el nombre del director como alguien competente y efectivo en la actualidad.

Kuroi Ie

Director: Yoshimitsu Morita
Traducción: La Casa Negra
País: Japón
Año: 1999

«Me subí a los columpios y comencé a subir y bajar. Mientras me balanceaba en el columpio, la velocidad era cada vez mayor… y casi llego hasta arriba. Tan alto que podía dar una vuelta completa. Cuando llegué al punto más alto, me resbalé y me caí del columpio. A partir de ahí, caí y seguí cayendo, cada vez más profundo»

A pesar de que esta película se promociona dentro del género de horror, es más un thriller con escenas bastante fuertes de vez en cuando, pero también tiene momentos de humor y algunas secuencias con ángulos y efectos de cámara que parecieran sacadas de un sueño de David Lynch. Hasta podemos ver ciertos elementos del Giallo italiano en ocasiones en el uso de ciertos colores. Luego recordamos que esta película viene de Japón y así no resulta tan extraño tal mezcla de géneros en una sola película.
Sobre la trama, nuestro protagonista es el tímido jefe de una sucursal de una empresa de seguros que se ve enfrentado a un caso en donde una misma familia reclama los pagos de seguros por muerte, comenzando con el supuesto suicido del pequeño hijo del matrimonio. Sólo con este caso la historia podría podría haberse sostenido pero elige volverse cada vez más torcida para terminar convirtiéndose en una cacería entre el monstruo psicópata de turno y nuestro protagonista, quien de a poco ve como su mundo se desmorona hasta que se ve forzado a cambiar y enfrentar el mal que lo persigue, con resultados devastadores para todos los involucrados.
Esa sinopsis no suena nada original y en realidad el desarrollo de la trama tampoco lo es. Si bien la película es entretenida también es bastante lineal, y para un espectador medianamente experto en cine policial el giro de su trama no deja de ser sorprendente, pero tampoco es novedoso. La historia se nos va contando lentamente y de a poco se nos van revelando las piezas de un puzzle que tampoco es difícil de resolver. Todas las piezas van encajando perfectamente para ir construyendo la revelación del mal de turno de manera de que cuando es evidente no nos sorprende su manera de actuar, aunque no deja de ser intimidante.
Esta película también adolece de las clásicas situaciones de las películas de horror que simplemente debemos aceptar que ocurran intentando no cuestionarlas ni distraernos, por ejemplo: teléfonos que dejan de funcionar en los momentos menos indicados, seguridad ineficiente, investigación policial negligente que obliga al protagonista a realizar su propia investigación, etc. Sabiendo que se trata de la adaptación de una novela, me pregunto si estos «errores» son deliberados para contribuir a la narrativa o venían en el libro original.
Lo que sí está muy bien en esta película es la actuación: tanto protagonista como antagonista están muy bien representados como las fuerzas opuestas que en alguno o varios momentos colisionan. Como mencioné anteriormente, el uso de narrativas y elementos multigénero también aportan a darle cierta identidad a la película y hacerla entretenida.
En definitiva yo califico a esta película en un nivel introductorio dentro del thriller moderno en cuanto a nivel de complejidad y desafío a la mente del espectador para resolver el caso, eso sí con la advertencia de que algunas escenas pueden ser un poco perturbadoras para quien no esté acostumbrado o dispuesto a ser sorprendido en el momento menos esperado.

Veronica

2017 - Veronica

Director: Paco Plaza
País: España
Año: 2017

«Alguien respondió tu llamada y ahora camina contigo»

Desde los inicios del cine el género de terror ha utiizado un confiable bastón en el que apoyarse para hacer parecer más interesantes sus películas: el viejo y conocido «basado en hechos reales». Y es que inevitablemente la realidad termina siendo más brutal y horrenda que cualquier ficción. Cuando se quiere recrear alguna historia real en la pantalla grande el riesgo de contaminar la historia original y de que una productora, director o incluso actores quieran poner su sello personal es grande pero finalmente los resultados han sido de todo tipo a lo largo de la historia. Por ejemplo, «The Exorcist» (1973) continúa siendo considerada como la mejor película de horror y está parcialmente basada en un caso real. En el caso de la película sobre la que hoy escribo, «Verónica» también pertenece a esta categoría.

El caso fue considerado como la primera ocasión en que la policía consigna eventos y situaciones paranormales en un informe de una muerte cuyas extrañas circunstancias nunca quedaron claras. El ya experimentado director Paco Plaza (creador de la saga «Rec») toma esta historia e intenta narrarla en esta película. Como se trata de un caso real y en que los elementos involucrados son bastante conocidos (desde antes sabemos que la protagonista morirá al final y que hay involucrados ouijas y crucifijos) la película no puede jugar a la originalidad ni a los giros sorpresivos en la trama ni al heroismo por lo que se vuelve menos importante el «qué» y es más protagonista el «cómo» ocurren los sucesos. Para esto el director se vale de los elementos más clásicos del cine de terror (monjas misteriosas, posesiones, pesadillas y dramas familiares) y los utiliza de buena manera, logrando una película que no aporta nada nuevo al género pero sí que se cuenta fluída y entretenídamente mientras se extiende por casi dos horas.

Cabe mencionar que el toque de humanidad que se le otorga a los personajes es un factor importante a considerar pues realmente llegamos a quererlos y desear que nada malo les pase aunque sabemos que será inevitable. Los niños actores involucrados hacen muy bien su papel incluyendo a la joven actriz Sandra Escacena quien tenía quince años al momento de la filmación tal como el personaje que interpreta. Otro factor que juega a favor es jugar con la idea de que todo el mal causado puede haber sido producto de un desequilibrio psicológico de la protagonista y si bien también se nos da la idea de una agresiva entidad paranormal durante toda la película al punto que lleguemos a «verla» se hace de tal manera que quedan ambas interpretaciones abiertas. A esto debo agregar que si bien, como dije, la entidad paranormal de turno es bastante agresiva e interviene bastante insistente y molesta en la trama de la película, también es tratada con sutileza por parte de los creadores por lo que se mantiene una atmósfera de misterio y horror hasta el final de la película sin aburrirnos en ningún momento.

En su momento «Verónica» fue publicitada como «la película más aterradora de todos los tiempos» o al menos en España. Entendemos que este es un truco publicitario pero sí se debe reconocer que es una película muy bien lograda, que logra mantenernos atentos a su desarrollo y compromete nuestros sentimientos con los protagonistas aún sabiendo que serán destrozados al final. Esto último ya es un logro que se debe reconocer y que hace a «Verónica» una película recomendable y que viene a aumentar positivamente el extenso catálogo de películas de horror.

2000 - Shadow Of The Vampire

Director: E. Elias Merhige
Traducción: La Sombra Del Vampiro
País: Estados Unidos
Año: 2000

«Dime cómo me harías daño… cuando ni siquiera yo sé cómo hacerlo»

Un poco de contexto: en 1922, cuando se estrenó «Nosferatu» de F.W. Murnau fue tal el impacto que causó, y particularmente el personaje del conde Orlock, que empezó a correr la layenda de que el actor que encarnó al infame conde Orlock (Max Schreck) no era realmente un actor sino que un auténtico vampiro. «Shadow Of The Vampire» toma este mito e intenta desarrollarlo durante su hora y media de duración.

Siendo una premisa que inevitablemente llama la atención de un cinéfilo promedio o de cualquier amante del género de horror es conveninete dar un vistazo a algunos de los nombres involucrados en la película. Primero coviene mencionar que la productora a cargo fue Saturn’s Film cuyo dueño era Nicholas Cage, lo que no hace extraño la elección de la historia a contar dadas las excentricidades conocidas de Cage. Luego está el director E. Elias Merhige, quien a la fecha de la película había realizado la peculiar y controvertida «Begotten» (1989) además de algunos vídeoclips para Marilyn Manson, lo que auguraba una dirección acorde a la naturaleza del proyecto. Y finalmente están los actores involucrados, destacando John Malkovich y Willem Dafoe en los protagónicos (F.W. Murnau y Max Schreck respectivamente), quienes por separado son garantía de buenas actuaciones pero esta vez, en conjunto, se complementan muy bien. Cabe mencionar que por este papel Willem Dafoe fue nominado a los premios Oscar, siendo esta la única vez que un «vampiro» se acerca al prestigioso galardón.

La película es una ficción de los días de filmación de «Nosferatu» y en principio vemos a los actores y equipo de filmación grabando en un estudio para luego trasladarse a Checoslovaquia para continuar filmando en ambientes más naturales y realistas y donde conocerían al «actor» Max Schreck quien estaría durante toda la filmación caracterizado como su personaje y con quien filmarían sólo de noche pues así lo exigían sus metodos de actuación. Como espectadores sabemos todo el tiempo que se trata de un vampiro real y la gracia es ver cómo interactuaría este personaje con los humanos y cómo se comportaría mientras dura la filmación de la película. Pronto descubrimos que el propio Murnau está manipulando toda la situación con el fin de obtener su propio y objetivo egoísta de lograr el mayor realismo posible en su película. Por una parte Murnau con ayuda del productor de Nosferatu intentarán mantener al equipo en calma y por otra el mismo Murnau intentará mantener a raya al vampiro bajo la promesa de entregarle a la protagonista del elenco y otras víctimas más al finalizar la filmación. Por supuesto nada de esto resulta bien y el vampiro empieza a hacer de las suyas causando estragos en el equipo de filmación y dando paso a las situaciones en que realmente se cuenta el verdadero mensaje de la película.

Y este mensaje no es otro que el egoísmo y enajenación de que un hombre puede ser más monstruoso que un monstruo de verdad. La interpretación de Willem Dafoe es realmente convincente y crea un vampiro realmente aterrador pero que finalmente termina causándonos cierta simpatía mientras que por otra parte John Malkovich expone al Murnau manipulador y monstruoso que se quiere contar esta historia. Cada uno de ellos tiene visiones y planes diferentes sobre la película y esta diferencia de intereses es lo que desencadenará un final que no puede ser de otra manera que trágico.

La película, si bien está bien contada e interpretada por su elenco y principalmente por los mencionados protagonistas, es buena pero pierde oportunidades de convertirse en algo más grande al centrarse demasiado en las obesiones de Murnau y sus métodos de manipulación perdiendo oportunidades de darle mayor profundidad al personaje. Los diálogos podrían haber sido un poco mejor pero se entiende que optaron por algo más funcional que abierto a interpretaciones libres y terminamos con líneas en las que el vampiro aclara al director que no son tan diferentes cuando eso podría haber sido elicitado. Si la intención era dejar bien clara la intención de la película esto se logra muy bien al punto de ser repetitivo. Y esto separa a esta película de las que son consideradas clásicos de mayor categoría.

Tanto para un espectador promedio como para alguien con curiosidad en ir más allá de la «Nosferatu» original y quiera ver esta ficción alrededor de ella, «Shadow Of The Vampire» es más que recomendable y cumple las expectativas de buena manera.

Midsommar

2019 - Midsommar

Director: Ari Aster
Traducción: Solsticio de Verano
País: Suecia, Estados Unidos
Año: 2019

«Sí, tengo miedo del verano»

Con la credencial de haber dirigido una de las películas de horror mejor planteadas del último tiempo, las expectativas que uno podía tener sobre el nuevo trabajo de Ari Aster eran altas, y vaya que el director sí cumplió con volver a hacer otra excelente película, lo que lo encamina rápidamente a lograr algo que es muy difícil: llegar a que sus películas sean consideradas «cine de autor», es decir, que las veamos y reconozcamo el talento visionario y característico de su directot o directora, y a la vez que su nombre en la dirección o alguna otra labor en una película se convierta en un sello de calidad.

Sin embargo, hay que advertir que quien no toleró «Hereditary» (2018) por su lentitud y ritmo pausado para desarrollar la historia o quien no disponga de tiempo para ver películas largas mejor ni se moleste en ver «Midsommar», pues en sus dos horas y medias de duración su trama se va revelando lentamente, en un rango de situaciones perfectamente entendibles desde la lógica común hasta la locura máxima, terminando en un cine abierto a varias interpretaciones posibles y que tiene la capacidad de tocar fibras emocionales profundas. Creo que con el paso del tiempo esta es una película que uno recordará por las emociones que evoca más que por su trama o personajes, de nuevo un mérito que pocas películas logran alcanzar.

Desde el primer minuto podemos apreciar la reverencia, conocimiento, amor y respeto que profesa Ari Aster hacia grandes películas de la historia, tomándolas como referencia para crear su propia cinematografía. Desde referencias a «Antichrist» (2009), el cine dogma, Ingmar Bergman, David Lynch y muchas más (hay varios vídeos en Internet en donde el mismo director menciona las películas que tuvo como influencia para realizar «Midsommar»). Cuando notamos estas referencias pero vemos que lo están haciendo de manera inteligente, tratando a la vez al espectador como alguien que puede entender los mensajes sin tener que explicar todo con detalle, entonces cinéfilos como yo lo agradecemos y aceptamos la invitación a convertirnos en parte de la película, por supuesto desde el plano de la interpretación.

La trama principal de la película es el viaje de un grupo de amigos norteamericanos estudiantes de antropología y la novia de uno de ellos hacia la comunidad sueca donde fue criado uno de ellos, con la excusa de pasar un tiempo de relajo (también para la investigación de tesis de un par de personajes) en un lugar diferente, y vaya que resulta ser diferente. La comunidad los recibe alegremente y les brindan toda clase de atenciones, pero pronto todo se convertirá en una fiesta de muerte y locura siempre a la luz del día, bajo la excusa que en esa parte del mundo y en esa época del año prácticamente no existe la noche. Tratándose de una película de terror, vaya que sí es un riesgo intentar asustar con una paleta de colores siempre luminosa y dominada por el blanco. ¿Y asusta? Sí, pero no por los motivos clásicos de una película de terror sino porque debemos entender que esta es una película multigénero que cuenta con escenas bastante explícitas y grotescas pero cuya subtrama psicológica y emocional es aún más fuerte.

Como mencioné, uno de los protagonista viaja con su novia (quien en principio no estaba considerada en el viaje) pues ella acaba de pasar por una situación terrible en donde murió toda su familia, pero a la vez tiene problemas con el novio después de cuatro años de relación: ella siente que no encuentra la compañía y comprensión que su novio debería darle; y a la vez el novio se siente cansado de una relación que cada vez se vuelve más fría. Esta trama amorosa funciona como el puntapié inicial de la película, y una vez que nuestros protagonistas van llegando a la comunidad de Harga me arriesgo a decir que el director nos hace elegir qué película queremos ver: si queremos seguir la sucesión de escenas que veremos a continuación (si es que podemos encontrar y seguir su lógica) o no perder el foco de lo que seguirá ocurriendo con nuestra pareja inicialmente protagonista. Personalmente elegí la segunda (recuerden que este es un blog subjetivo sobre cine) por lo que analizar la película desde el punto de vista del quiebre de esta relación amorosa en un escenario que parece una gran ópera destinada a que cada uno de ellos encuentre lo que estaba buscando. ¿Juntos o por separado? Eso es mejor verlo en la película pero prácticamente se intuye todo desde el principio. Entonces nos damos cuenta que lo importante no es el «qué» va a pasar, sino el «cómo».

Y es entonces donde empezamos a disfrutar de la inteligencia y variedad de elementos que ofrece «Midsommar»: desde osos encarcelados, bordados proféticos, libros santos que se escriben día a día por un oráculo viviente, bebidas que distorsionan la realidad, mucho simbolismo, y sobretodo ritos que son sagrados para la comunidad de Harga, en donde todo parece perfecto y compartido, cualquiera parece libre de irse de lugar, y sin embargo es uno de los ambientes cinematográficos más claustrofóbicos que he visto… a plena luz del día.

Por último me atrevo a apostar que en algunos años veremos a «Midsommar» como un clásico contemporáneo de una época en la que parecía que contar historias en forma novedosa era imposible y sólo podíamos apelar a la entretención rápida y los homenajes. Veremos.

German Angst

2015 - German Angst

Directores: Jörg Buttgereit, Michal Kosakowski, Andreas Marschall
Traducción: Angustia Alemana
País: Alemania
Año: 2015

«¿Ya ves? Son alemanes. Eso es bueno, muy bueno»

La promesa de esta película con un título tan prometedor considerando la larga y bien lograda tradición del cine de horror alemán desde los inicios («Das Cabinet des Dr. Caligari» (1919), «Der Golem» (1920), «Nosferatu» (1979) y un largo etcétera) pone la vara alta y genera altas expectativas de lo que podríamos esperar de ella, más considerando que se trata de tres directores actuales con buenas credenciales en el género. Es innecesario hablar del curriculum audiovisual de cada uno de estos directores pero no deberían ser nombres desconocidos para un cinéfilo promedio y además toda esa información es fácil de localizar.

La primera sorpresa es que no es una sola película sino que tres segmentos en los que cada director promete entregar lo mejor de sí para contagiarnos de lo que el concepto de «angustia alemana» puede significar en estos tiempos, así que haré un resumen de cada uno de ellos:

– «Final Girl»: El primer segmento y el de menor duración pertenece a Jörg Buttgereit, un veterano en el género y quien supo reflejar la anguistia alemana en sus películas entre los ochenta y noventas. La historia trata de una adolescente en apariencia tierna que nos habla en detalle de los cuidados hacia sus mascotas. La vemos comenzar su día pero pronto, como era de esperar, este inocente panorama cambia cuando la vemos entrar tijeras en mano en una habitación de su departamento en donde hay un hombre maniatado. No se nos entrega mayores detalles del por qué de esta situación ni vale la pena dar más detales de lo que sigue pero mi apreciación es que el director sólo hace un homenaje a su propia cosecha temprana, con esos planos oníricos que pretenden contextualizar la violencia pero que no pasan de ser una revisión a su propia obra sin agregar nada nuevo ni dejar algún elemento que nos haga pensar en una reinvención ni renovación de su parte. Para mi fue una decepción.

– «Make A Wish»: el segundo segmento está dirigido por Michal Kosakowski, quien se encargó de las labores de producción general de «German Angst» y parece haber orquestado todo. Su segmento trata de las historias en paralelo de un cruel asalto a una villa polaca por parte de un escuadrón nazi y el ataque de un grupo neonazi a una pareja de sordomudos polacos en la actualidad, en el contexto de la leyenda de un amuleto que provoca que víctima y victimario intercambien cuerpos. La premisa es interesante pero todo se desarrolla muy lineal y al final queda la sensación de haber sido una excusa pobre para justificar un montón de violencia que se nos presenta en pantalla. Considerando que las credenciales de Michal Kosakowski consideran el documental «Zero Killed» (2012), la historia narrada en esta película es bastante pobre.

– «Alraune»: el tercer y último segmento es el más interesante de los tres, y curiosamente fue dirigido por Andreas Marschall, de quien se podría haber esperado menos que de los dos directores anteriores. Tampoco se trata de una pieza de cine excelente pero al menos cumple la expectativa de presentar un relato más solido y entretiene, más no justifica que lleve el peso de la premisa narrada al principio de esta crítica. La historia es de un hombre quien tras una ruptura sentimental que se ve envuelto en una extraña secta sexual cuya membresía es irrevocable. Al verla entendemos el por qué.

No queda mucho más que decir de «German Angst» porque al menos para mi no cumple las expectativas prometidas. La narrativa de cada segmento deja la sensación de estar leyendo el guión de cada uno más que estar viendo su traducción a lenguaje visual, lo que no es tan condenable pero hace que esta cinta se sienta anticuada y quede en el promedio de películas de horror sin sobresalir por ningún aspecto. Para sentir la mencionada angustia alemana, es mejor quedarnos con aquellas piezas mejor logradas en décadas pasadas.

Kolobos

1999 - Kolobos
Directores: Daniel Liatowitsch, David Todd Ocvirk
País: Estados Unidos
Año: 1999

«Cuando estás muerto nadie puede escucharte gritar»

«Kolobos» es una película que por su temática y presentación inicial puede ser rápidamente catalogada en ese subgénero del horror llamado Slasher del que personalmente no me declaro muy fan, sin embargo el hecho de ver que una película intente enmarcarse en este estilo tanto tiempo después de los anos de esplendor del Slasher me dio la curiosidad necesaria para verla. Y no me arrepiento.

Aunque durante la primera mitad de la película parece un homenaje al estilo, comenzando con la canción de los créditos iniciales de la cuál no se requiere saber tanto para encontrar la evidente similitud con el tema principal de «Suspiria» (1977) y luego con todos los elementos más típicos que casi nos hace pensar que es una parodia, una vez que pasamos los primeros cuarenta minutos comenzamos a ver cómo la verdadera identidad de «Kolobos» comienza a aparecer para finalmente aceptar que hay un giro a lo típicamente hecho en este subgénero. Como mencionaba, todo comienza muy cliché: tenemos a los protagonistas jóvenes que en este caso aceptan encerrarse en una casa y que su vida sea filmada en todo momento para un experimento social, o lo que también conocemos como el formato Reality en la televisión. Como es de esperar, muy pronto comienzan a morir uno a uno en formas grotescas y en manos de un asesino desconocido.

El giro de esta película y lo que la diferencia de tantas otras películas típicas de Slasher o incluso de las películas de este tipo que tuvieron repercusión en la década de los noventa (como la saga «Scream» o «I Know What You Did Last Summer») es que a partir de un momento comienza a volverse un laberinto más psicológico que cada vez se va enredando más; cuando pensamos que hemos llegado al final vuelve a ofrecer un poco más y cuando finalmente termina nos deja un poco confusos pero con la sensación de haber presenciado algo diferente a lo que podíamos haber esperado al momento de elegir ver esta película.

Audiovisualmente no ha envejecido bien pero en parte se agradece el ingenio para los efectos especiales en los que no hay retoques digitales de por medio, el guión es muy, muy cliché y puede ser un poco exasperante y distractivo (antes mencioné que en un momento podemos creer que es una parodia), las actuaciones tampoco tienen nada de espectacular aunque sí destaca la protagonista (Amy Weber) sobre los demás debido al giro psicológico de su personaje al que hacía alusión en el párrafo anterior. Sin embargo, no se puede desconocer que es una película con corazón y hecha con mucho cariño por parte de sus realizadores, considerando su fecha de realización se debe reconocer cierta originalidad como en cuanto a llevar el Slasher al interior de una casa en formato Reality y ser precursora de lo que sería la norma en el género de horror de la siguiente década, encabezada por películas como «Saw» (2003) y su extensa saga. No se trata de una película destinada a convertirse en un clásico pero sí cumple con ser un poco más que simplemente entretenida y no dejar indiferente a quién la ve.

1960 - Les Yeux Sans Visage

Director: Georges Franju
País: Francia
Año: 1960

«Mi rostro me asusta. Mi máscara me asusta aún más»

Esta es una película que no es perfecta pero tiene de todo para ser inspiración para muchas otras. Si bien lo primero que se nos presenta es que es una película de horror, y un horror bastánte gótico, sería una torpeza clasificarla únicamente en ese género pues también tiene bastante drama, lo que al estar entrelazado siempre con el horror presente la hace una cinta única. Tampoco llega a ser completamente una película de autor pues está bien delimitada en los estándares cinematográficos de la época.

La trama es sobre un prestigioso cirujano quien ayudado por una fiel asistente buscan la solución para devolver el rostro a la hija del protagonista, quien quedó horriblemente desfigurada luego de un accidente automovolístico cuyo culpable fue su padre. Esta solución, por supuesto, involucra la muerte de terceras personas. Mientras se suceden eventos de ensayo y error en la búsqueda del nuevo rostro de Christiane (la hija del cirujano) ocurren varias acciones que eventualmente terminarán en un desenlace trágico para todos.

Esta es una historia que podría haber sido contada de varias maneras pero de la forma en que está hecha está muy bien, permitiéndonos entender a los personajes y sus motivaciones. El blanco y negro en que está filmada ayuda a aumentar el dramatismo y tensión presente en toda la cinta. Tiene una acotada banda sonora que suena en los momentos precisos para acrecentar la locura de esas escenas, sin embargo, en los momentos en que ocurren los hechos más macabros o dramáticos sólo escuchamos de fondo el ladrido incesante de unos perros (quienes también tienen un rol importante en la película), lo que también incrementa el nivel de drama que se quiere transmitir.

Además hay mucho simbolismo involucrado en esta película, lo que puede cautivar a cierto público y aburrir a otro como siempre, desde el ya mencionado uso del blanco y negro, como los enfoques de las escenas, el significado de la máscara que usa Christiane para ocultar su rostro y otros que no quiero mencionar para no contar más de lo debido. Aún así no podría decir completamente que es una película de horror psicológico, pues también tiene escenas de bastante violencia y contenido gráfico que hasta el día de hoy pueden asustar. Su narrativa le debe bastante al estilo de Edgar Allan Poe (véase «Ligeia» y «La caída de la casa Usher») y podríamos decir que es un tipo de historia que el mencionado escritor podría haber escrito de haber vivido en el tiempo en que esta película fue creada.

Por esto, «Les Yex Sans visage» es una película multigénero que con el paso del tiempo se ha convertido en un clásico que vale la pena conocer.

Ich Seh Ich Seh

2014 - Ich Seh Ich SehDirectores: Severin Fiala, Veronika Franz
País: Austria
Traducción: Buenas Noches Mamá
Año: 2014

«Demuéstranos que eres nuestra madre»

Hay películas que sufren mucho al tener sus nombres traducidos a otros idiomas y este es uno de esos casos. Traducida la Inglés como «Goodnight Mommy» y consecuentemente al español como «Buenas noches mamá» pierde mucho del sentido original de su nombre. Otro error que se comete con esta película es promocionarla como una película de horror. Tiene momentos espeluznantes, pero su trama y objetivo la encasilla más en drama psicológico que en terror. El trailer toma los momentos de más «horror» pero es una mala promoción finalmente.

En cuanto a la película en si, es una austríaca y realmente se nota su procedencia en cuanto a su producción, actuación y ambiente de frialdad en general, lo que resulta beneficioso en este caso.

Al principio de la película vemos a dos hermanos gémelos que aparentemente llevan una vida paradisiaca en algún lugar del campo de Austria, en donde todo parece ser juego y felicidad. Pronto nos dirigen hacia la casa en donde habitan y ahí cambia todo, pues si bien se trata de una casa moderna, limpia y en donde nada falta, la decoración y ambiente nos hablan inmediatamente de un ambiente tenso y desprovisto de amor. Es, precisamente al interior de esta casa (que no alzanza a llamarse «hogar») en donde ocurre casi todo el drama. Al volver a casa los gemelos encuentran a su madre, y se nos da a entender con pocas pistas, que ella viene de vuelta de una operación en su rostro que la mantiene con la cabeza vendada todo el tiempo. No sólo su rostro ha cambiado, pues el trato hacia sus hijos es muy frío y castigador al punto de hacernos sentir incómodos con la situación. Los niños, desilusionados y tristes, al poco tiempo comienzan a sospechar que la mujer que volvió sencillamente no es su madre, y ocuparán todo su ingenio en descubrir la verdad.

La premisa recién narrada es buena y da para mucho desarrollo, en este caso los directores Severin Fiala y Veronika Franz eligen hacerlo de forma lenta pero siempre en constante ascenso de la tensión, hasta llegar a la última parte de la película que es la más terrible e incómoda de ver pero que si llegamos hasta ese punto es imposible eludirla. En general la película no cuenta con mucho diálogo, la acción ocurre muy de a poco y como mencioné y se requiere de paciencia para verla, sin embargo si contamos con ella llegaremos hasta el momento en donde se revela el GRAN giro de la película y que compensa por la lentitud de su construcción.

El mencionado giro de la película está muy bien logrado e invita inmediatamente al espectador a volver a ver la película para coleccionar las pistas inteligentemente dejadas en el guión y la asombrosa fotografía. Sin embargo, con el correr de los días esta sensación no se mantiene pues en realidad este giro es un recurso narrativo bastante usado en la historia del cine; lamentablemente no puedo mencionar ejemplos para no revelar más de lo debido. De todas maneras para alguien que recién está iniciándose en el cine puede ser un buen comienzo para investigar sobre los temas que «Ich Seh Ich Seh» plantea: trauma infantil, consecuencias del poco cariño maternal, maneras psicológicas de sobrevivir y familias en pedazos en general.

Hereditary

2018 - Hereditary

Director: Ari Aster
País: Estados Unidos
Año: 2018

«Hereditary» ha sido criticada como equivalente a «The Exorcist» (1973) de nuestros tiempos. Si dejamos de lado el aspecto publicitario no deja de haber algo de verdad en aquella afirmación. «The Exorcist» es una excelente película de horror y marcó precedentes en su época pero eso no la convierte ni en la mejor ni en la definición de horror absoluta. Lo mismo ocurre con «Hereditary» pues no se puede desconocer que es una excelente película, realizada con mucha dedicación e investigación de parte de sus creadores, pero tampoco es como para elevarla al Olimpo del cine ni mucho menos tomarla como modelo para películas por venir.

«Hereditary» se nutre de los elementos más clásicos e imperecederos para generar horror sin caer en lo burdo, contando una historia de posesiones demoníacas desde el punto de vista de las víctimas. Con esto me refiero a que su terror viene desde los silencios y las actuaciones más que de efectos especiales y ruidos estridentes sorpresivos. Su desarrollo es lento y progresivo, forzando al espectador a seguir con cuidado el desarrollo y cada detalle de la trama para poder disfrutar su clímax de manera correcta. Sin embargo, el gran elemento que utiliza esta película para lograr su impacto es la mezcla de una trama de horror clásica con un drama familiar muy bien narrado de tal manera que el título de la película juega con la ambiguedad de qué realmente estamos viendo, si todo lo sobrenatural ocurre realmente o sólo ocurre en la mente de los protagonistas. De cualquier forma todo desencadena en consecuencias trágicas para todos los involucrados.

Y también, como en toda buena película, el mérito viene de parte de las actuaciones de todos los protagonistas: los hijos del matrimonio en desgracia (Milly Shaphiro y Alex Wolff), el padre interpretado por un veterano Gabriel Byrne, pero sobretodo la brillante interpretación de Toni Colette, quien hace el papel de una desesperada madre que intenta sacar adelante a su familia después de la muerte de la matriarca pero que a la vez debe lidiar con sus propios fantasmas y la «herencia» sobrenatural dejada por su madre. Es esta familia la que poco a poco va sucumbiendo ante los poderes paranormales o bien su propia decadencia causada por los posibles trastornos hereditarios que se plantean, todo esto según quiera interpretarse. De hecho para mi los momentos más terribles de la película no vienen de las escenas paranormales sino de los momentos en que intentan como familia enfrentar sus tragedias y terminan siempre en momentos tensos sin resolver nada, sólo empeorando las cosas.

El uso de los efectos especiales es moderado y sirven al guión en vez de al revés, como ocurre en muchas películas de este género y otros, lo que realmente se agradece. La escasa música también da cuenta de la intención del director de sustentar su película siempre en el guión más que en otros recursos. La suma de estos elementos dejan en un muy bien pie al joven director Ari Aster para continuar poniendo atención a sus siguientes trabajos y para situarlo dentro de los nombres prometedores del cine actual, tal como el caso de Robert Eggers (The Witch, 2015). Es de esperar que esta nueva camada de directores pueda continuar explorando esta forma clásica de hacer cine en función de volver a darle valor al género de horror, que tanto peso ha perdido en las últimas décadas al rendirse ante otros objetivos más que su cimiento más básico: inquietar al espectador y sacarlo de su forma de comodidad para mostrar que nada es tan seguro, y que el horror como las enfermedades mentales, son hereditarios.