2018 - The House That Jack Built

Director: Lars Von Trier
País: Dinamarca, Francia, Alemania, Suecia
Traducción: La Casa Que Jack Construyó
Año: 2018

Antes de hablar de la película como tal creo conveniente explicar brevemente qué entiendo del concepto «cine de autor». Se trata de aquellas películas marcadas fuertemente por la visión de su director/a, es decir, aquellas en que el nombre de esa persona sirve para vender el producto y en las que sabemos tendremos un «diálogo» más directo con él o ella a través de la historia que presenciaremos. Lars Von Trier es un director que refleja fuertemente sus visiones de la vida y el mundo en sus películas, o al menos lo que él quiere que sepamos. Ya con los años de oficio el hombre maneja la narrativa a la perfección, lo que no garantiza que sus películas sean excelentes pero sí que la historia que presenciaremos es tal como él quiere que la veamos. Ahora, el mismo Von Trier de la vida real parece un personaje sacado de sus películas: tremendamente inteligente, diagnosticado con depresión y protagonista de diversos escándalos, ya sea por sus propias declaraciones o por el fuerte contenido de sus películas, las cuáles parecen ser su vehículo sanador y en las que parece estar empeñado en llevar al extremo lo chocante y el límite de lo que los espectadores pueden soportar. Con esta advertencia, debemos entender que ante cada nueva película del director podríamos exponernos a diversas atrocidades a las que nadie nos obliga presenciar, pero si es que podemos soportarlas, también es posible encontrar sentido artístico y un sentido del humor bastante torcido, pero ingenioso. Pues bien, ahora sí me referiré diréctamente a «The House That Jack Built».

Mientras la pantalla muestra un profundo color negro escuchamos la voz de un personaje que educadamente pregunta a otro si le está permitido conversar. Al recibir un retórico «Si» como respuesta la voz nos hace saber que es Jack, y que a través de cinco incidentes de su carrera criminal escogidos al azar nos permitirá conocerlo. El otro personaje, Verge, será el compañero de Jack en un viaje cuyo destino y significado descubriremos a lo largo de la película. A medida que Jack narra los incidentes: mezcla de crímenes brutales y visiones altamente narcisistas sobre el arte y la vida, no es difícil pensar que el protagonista no es otra cosa que el alter ego, la máscara que usa el propio Von Trier para difundir sus propias ideas hacia el mundo. Todo es simbólico, desde la posición privilegiada de Jack en el mundo hasta la forma en que comete sus crímenes, los que a medida que avanza la película se vuelven más refinados y perfeccionistas. En el momento en que comenzamos a sospechar que lo ilógico de ciertas situaciones no corresponden a una historia acorde a lo posible en la vida real, entonces empezamos a comprender que la película finalmente es una comedia, oscura y torcida, pero comedia finalmente. Vemos al personaje de Jack «crecer» en su carrera criminal, pasando de ser un torpe asesino inicial a un artista sofisticado de la muerte; esta evolución está bastante bien narrada y se nota una minuciosa investigación detrás. Podríamos decir que es lo más cercano a la realidad que tiene la película. Hacia el final del cuarto incidente podemos engañarnos pensando que Von trier ha dotado a Jack de una refinación y poderes extraordinarios, sin embargo, en un giro rápido Jack es humillado para luego ser ofrecido una oportunidad de redención bastante burda, lo que a fin de cuentas nos recuerda que este protagonista no es más que otra marioneta del director, una máscara para comunicarse con el mundo pero que luego de cumplir su función es desechada.

Como mencioné, en los dos primeros incidentes vemos el aprendizaje y ascenso de Jack y ya en el tercero lo vemos como un asesino consumado que ve su «trabajo» como una obra de arte con fines supremos. El cuarto incidente es el más crudo tanto visual como simbólicamente, pues acá la violencia no es sólo física, sino terriblemente psicológica y misógina, un tema por el que el propio Von Trier ha sido cuestionado en la vida real. No sabemos si acá el director intenta, a su modo, hacer las paces con el mundo o simplemente se está burlando magistralmente. Es cine, y las interpretaciones son lo más interesante que se ofrece en muchas oportunidades, como en esta. Personalmente me inclino más por lo segundo, considerando las referencias burlescas al auge de los movimientos feministas del último tiempo: Jack cuestiona el que siempre se culpe de todo a los hombres, por otra parte se burla de los intentos de su víctima por pedir ayuda gritando a viva voz que a nadie le importa y peor, si bien a la mayoría de sus víctimas no se les otorga un nombre, en esta ocasión Jack confiesa que es quien estuvo más cerca de generar sentimientos de cariño en él pero aun así la humilla constantemente y le otorga el denigrante apodo de «Simple». Ya a esta altura vemos a un Jack (o a un Von Trier) distendido confesando admiración por el legado de Hitler y alabando a los Stuka (aviones bombarderos alemanes de la Segunda Guerra Mundial) como obra maestra de la aviación. El quinto acto ocurre vertiginosamente y su función es conducirnos hacia «Katábasis»; el epílogo de la película y ciertamente el segmento menos interesante: es el espacio común de las películas en que se atan los cabos sueltos y las pistas que se van entregando aleatoriamente durante la película y que es necesario en otro tipo de géneros y películas, pero no acá. Está hecho inteligentemente, pero eso no lo hace necesario.

Por otra parte, lo mejor de la película son sus simbolismos y las amplias referencias a obras de arte, ingeniería y arquitectura, lo que representa la elevación máxima del espíritu humano en contraste con la bajeza y brutalidad de los crímenes en escena. Jack, como ser humano inherentemente imperfecto, intenta alcanzar lo primero pero cae vergonzosamente en lo segundo. Es difícil sugerir mejoras para un trabajo hecho con tanto detalle, pero quizás hubiera sido más interesante ver un injusto ascenso de Jack hacia la perfección, dejando en claro que para lograr esto es necesario su narcisismo y el sacrificio de sus víctimas. Otra opción habría sido ver a un Jack que pudiera existir en la vida real con logros y desaciertos en su «carrera», lo que habría hecho de esta película algo mucho más espeluznante. Pero el director es Von Trier, y como mencioné en el principio él es plenamente consciente de lo que quiere mostrar y cómo. Al igual que Jack, en esta ocasión se muestra como un individuo fascinado por la perfección pero inhabilitado para alcanzarla.