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The Craft

1996 - The Craft

Director: Andrew Flemming
País: Estados Unidos
Traducción: Jóvenes Brujas
Año: 1996

«We are the weirdos, mister»

En los años noventa, en la época pre-Internet, cuando todavía un adolescente podía creer que era único en el mundo al carecer de acceso a la información global, hubieron varias películas que salieron intentando mostrar a los púberes de la época cómo y quién ser, la mayoría de estas películas veces hechas como fotocopias, y en ocasiones también salían películas como la que será mi tema de atención hoy, que es más bien una sátira a todos los temas que toca, al menos en la superficie. En el mundo de hoy en donde está toda la información disponible paa cualquiera una película de este tipo no funcionaría.

La película comienza con tres jóvenes brujas intentando hacer un hechizo al parecer sin mucho éxito (pronto entenderemos que les falta la cuarta integrante para lograr lo que quieren) y pronto la escena cambia a una adolescente que llega con su familia a vivir a la ciudad en donde se desarrolla la historia. Se trata de una adolescente que se ha sentido diferente, única y especial toda la vida y que rápidamente conocerá a las otras tres brujas para ser, por supuesto, la cuarta integrante que tanto anhelaban. De ahí en adelante la película se desarrolla sobre temáticas adolescentes típicas como el racismo, la incomprensión familiar, la inseguridad ante no sentirse bella, el descubrimiento del amor, enemistades entre ellas, entre otras, tal como cualquier otra película de adolescentes, salvo que teñida de negro y un ambiente forzádamente siniestro que al final termina siendo uno de esos casos «tan malo que es bueno». Una vez que estas cuatro brujas se unen, es fácil adivinar que desencadenarán un poder mayor que ellas que no podrán controlar ni sus consecuencias, y que las llevará a cada una a aprender una lección. Todo esto musicalizado por una buena banda sonora, quizás lo mejor de la película, secundada por la cinematografía y el sentido de la moda de la época.

Si es que nos quedamos con esa visión entonces tenemos una película que no llega a ser mala y cumple la expectativa de entretener durante su hora y cuarenta minutos de duración, pero que tampoco llega a ser memorable. De hecho al verla de nuevo, como adulto, recordé que la había visto en mi adolescencia pero la había olvidado casi por completo.

El otro análisis que podemos hacer es del punto de vista psicológico. Como escribí anteriormente, en apariencia parece más bien una sátira a cierto tipo de desadaptados sociales pero podemos ir más allá. También, como dije, bajo el manto de hechicería la película trata más bien de los conflictos típicos adolescentes (femeninos en este caso) y cuando desarrolla esta parte son los momentos más brillantes de la película: es cuando las actrices pueden realmente dar personalidad a sus personajes y algo de sustancia a la película, pero tampoco mucha porque se entiende que la película fue concebida con otro enfoque. El resultado es que queda a medio camino entre una película demasiado cliché y una introducción a la compleja psicología femenina. Ni siquiera el poder superior de turno en la película, aquí llamado Manon, parece ser más fuerte que las pulsaciones adolescentes y ansias de las protagonistas.

Un último punto de vista: la cuarta bruja, la protagonista rubia, si bien también cae parcialmente víctima de sus ambiciones, en todo momento parece ser más conciente que las demás de su propio poder y de las consecuencias de jugar con lo prohibido, lo que se enfatiza más en la última escena. Entonces: ¿qué lectura realmente debemos hacer de este personaje? Ella llega a desatar la acción, por supuesto, y con esto las ambiciones de las tres brujas originales, pero ella se mantiene siempre más estable que las demás, y finalmente no sacrifica nada (digamos que perder a un pastel imbécil no significa mucho en la vida). Entonces, ¿fue ella el mismísimo Manon todo el rato? ¿Somos nosotros los que desencadenamos su poder al elegir ver esta película? ¿Y tenía Manon que ser masculino, dada la naturaleza de la película?

Street Fighter

1994 - Street Fighter

Director: Steven E. de Souza
País: Estados Unidos
Año: 1994

«Worker ants scurrying about with their pitiful weapons, afraid of the purity, of unarmed combat!»

Para hablar de «Street Fighter» como película separándola del videojuego de la que deriva primero debemos establecer el contexto en que fue concebida y realizada: En la década de los ochenta la industria de los videojuegos creció de manera exponencial en el mundo y naturalmente los juegos fueron haciéndose más complejos en sonido, gráficos, variedad y principalmente guión. En este contexto apareció el juego «Street Fighter II», que era la continuación de, obviamente, «Street Fighter», y significó un gran avance respecto a su primera parte por las mejoras en los aspectos mencionados anteriormente pero principalmente en cuanto a incluir peleadores de diversas partes del mundo con una historia coherente que los llevaba a participar en lo que finalmente se traducía en repartir golpes hasta que el oponente cayera en  aproximádamente sesenta segundos. Las historias eran simples y tenían una conclusión si uno llegaba a derrotar al villano final (M. Bison), la cual era simple pero era todo lo que los niños y jugadores de ese entonces necesitábamos para cautivarnos con el juego. La industria comercial del cine vio en este creciente mundo de los videojuegos la posibilidad de hacer dinero rápido y fácil y así fue como en la década de los noventa se hicieron varias adaptaciones de videojuegos a la pantalla grande con resultados generalmente reprobables y en otros un derecho fracaso (Super Mario Bros., 1993). En la década de los dos mil y hasta la actualidad continúan adaptándose guiones de videojuegos a la pantalla grande, sin embargo, la progresiva complejidad de los mismos y las nuevas directrices del cine hacen la tarea aún más difícil. Pero esa es otra historia, volvamos a los noventa.

Todo el contexto del párrafo anterior me sirve para defender que «Street Fighter» sí es una buena película dentro de los márgenes que tenía para desarrollarse, tanto desde la trama inicial del videojuego como por el contexto cinematográfico en que se hizo. La historia es simple: En Shadaloo, un país dominado por el demente tirano M. Bison, se produce el secuestro y posterior irrisoria petición de rescate de un grupo de gente, entre los cuáles se encuentran algunos de los personajes protagonistas del videojuego. En particular en este grupo se encuentra Carlos «Charlie» Blanka, para quien Bison tiene planes diferentes. Esto  hace que el coronel Guile (Jean-Claude Van Damme) llegue a poner órden a las cosas. Lo demás se deduce sólo y no es necesario ser adivino para conocer el final sin siquiera ver la película. Comienzan a aparecer los estereotipados  peleadores del videojuego, tan estereotipados como en el videojuego; los diálogos son clichés y no resisten segundas lecturas tal como en el videojuego, a medida que cada personaje se ve forzado a pelear van mostrando los movimientos y poderes que estamos acostumbrados a ver en el videojuego, y así en adelante, no hay grandes sorpresas pero sí una buena hora y media que nos entretiene sin sacarnos fuera de nuestra zona de comodidad sino que apela a nuestra nostalgia de forma amistosa y lisonjera.

Con todo lo que perdono a la película, no puedo dejar de mencionar como puntos bajos la cosificación que se hace de las mujeres, aunque en los noventa era algo aparentemente normal y que no levantaba polémicas aunque a algunos sí nos molestaba y lo encontramos demás. Chun-Li pasa de ser una reportera brillante con habilidades para pelear y sed de venganza a un simple objeto de deseo para Bison, Cammy, quien pudo tener mayor y mejor protagonismo pasó a ser una débil admiradora de Guile, desaprovechando a la cantante y ocasional actriz Kylie Minogue por completo. Blanka y Dhalsim, pese a ser partes del eje principal de la trama no llegan nunca a pelear, y ya están incluidos en una película de acción derivada de un videojuego de peleas es imperdonable que no tengan su minuto de gloria peleando.

Si bien los protagonistas indudables del videojuego son Ryu y Ken, en la película pasan a un segundo plano cediendo el protagonismo a Guile y al villano Bison, muy bien interpretado por el actor Raul Julia en el papel del villano loco y autoendiosado, sin saber que sería el último papel de su carrera (falleció al poco tiempo de terminar de filmar sus escenas). Él es lo mejor de la película sin dudas. Las secuencias de peleas también están bien logradas, hechas bajo la cinematografía típica de las películas de acción pero que permite una buena apreciación de, por ejemplo, tres peleas al mismo tiempo en la parte final de la película. Los personajes reflejan sus movimientos y poderes típicos del videojuego de forma apropiada con algunas perdonables licencias.

Si tal como yo, quien lee estos comentarios es alguien que puede perdonar lo errático, cliché y rimbombante de la película y logra verla con la misma ingenuidad con la que alguna vez nos paramos frente a alguna máquina de arcade de «Street Fighter II» sin cuestionar nada sino que con la simple intención de disfrutar un rato apretando botones para derribar a algún oponente, entonces sí se puede disfrutar esta película e incluso afirmar que resiste el paso del tiempo decentemente. Al menos yo no puedo dejar de verla si me la topo de casualidad por ahí. Es la pureza del combate sin armas, nada más.