Tag Archive: psychological horror


Kolobos

1999 - Kolobos
Directores: Daniel Liatowitsch, David Todd Ocvirk
País: Estados Unidos
Año: 1999

«Cuando estás muerto nadie puede escucharte gritar»

«Kolobos» es una película que por su temática y presentación inicial puede ser rápidamente catalogada en ese subgénero del horror llamado Slasher del que personalmente no me declaro muy fan, sin embargo el hecho de ver que una película intente enmarcarse en este estilo tanto tiempo después de los anos de esplendor del Slasher me dio la curiosidad necesaria para verla. Y no me arrepiento.

Aunque durante la primera mitad de la película parece un homenaje al estilo, comenzando con la canción de los créditos iniciales de la cuál no se requiere saber tanto para encontrar la evidente similitud con el tema principal de «Suspiria» (1977) y luego con todos los elementos más típicos que casi nos hace pensar que es una parodia, una vez que pasamos los primeros cuarenta minutos comenzamos a ver cómo la verdadera identidad de «Kolobos» comienza a aparecer para finalmente aceptar que hay un giro a lo típicamente hecho en este subgénero. Como mencionaba, todo comienza muy cliché: tenemos a los protagonistas jóvenes que en este caso aceptan encerrarse en una casa y que su vida sea filmada en todo momento para un experimento social, o lo que también conocemos como el formato Reality en la televisión. Como es de esperar, muy pronto comienzan a morir uno a uno en formas grotescas y en manos de un asesino desconocido.

El giro de esta película y lo que la diferencia de tantas otras películas típicas de Slasher o incluso de las películas de este tipo que tuvieron repercusión en la década de los noventa (como la saga «Scream» o «I Know What You Did Last Summer») es que a partir de un momento comienza a volverse un laberinto más psicológico que cada vez se va enredando más; cuando pensamos que hemos llegado al final vuelve a ofrecer un poco más y cuando finalmente termina nos deja un poco confusos pero con la sensación de haber presenciado algo diferente a lo que podíamos haber esperado al momento de elegir ver esta película.

Audiovisualmente no ha envejecido bien pero en parte se agradece el ingenio para los efectos especiales en los que no hay retoques digitales de por medio, el guión es muy, muy cliché y puede ser un poco exasperante y distractivo (antes mencioné que en un momento podemos creer que es una parodia), las actuaciones tampoco tienen nada de espectacular aunque sí destaca la protagonista (Amy Weber) sobre los demás debido al giro psicológico de su personaje al que hacía alusión en el párrafo anterior. Sin embargo, no se puede desconocer que es una película con corazón y hecha con mucho cariño por parte de sus realizadores, considerando su fecha de realización se debe reconocer cierta originalidad como en cuanto a llevar el Slasher al interior de una casa en formato Reality y ser precursora de lo que sería la norma en el género de horror de la siguiente década, encabezada por películas como «Saw» (2003) y su extensa saga. No se trata de una película destinada a convertirse en un clásico pero sí cumple con ser un poco más que simplemente entretenida y no dejar indiferente a quién la ve.

Ich Seh Ich Seh

2014 - Ich Seh Ich SehDirectores: Severin Fiala, Veronika Franz
País: Austria
Traducción: Buenas Noches Mamá
Año: 2014

«Demuéstranos que eres nuestra madre»

Hay películas que sufren mucho al tener sus nombres traducidos a otros idiomas y este es uno de esos casos. Traducida la Inglés como «Goodnight Mommy» y consecuentemente al español como «Buenas noches mamá» pierde mucho del sentido original de su nombre. Otro error que se comete con esta película es promocionarla como una película de horror. Tiene momentos espeluznantes, pero su trama y objetivo la encasilla más en drama psicológico que en terror. El trailer toma los momentos de más «horror» pero es una mala promoción finalmente.

En cuanto a la película en si, es una austríaca y realmente se nota su procedencia en cuanto a su producción, actuación y ambiente de frialdad en general, lo que resulta beneficioso en este caso.

Al principio de la película vemos a dos hermanos gémelos que aparentemente llevan una vida paradisiaca en algún lugar del campo de Austria, en donde todo parece ser juego y felicidad. Pronto nos dirigen hacia la casa en donde habitan y ahí cambia todo, pues si bien se trata de una casa moderna, limpia y en donde nada falta, la decoración y ambiente nos hablan inmediatamente de un ambiente tenso y desprovisto de amor. Es, precisamente al interior de esta casa (que no alzanza a llamarse «hogar») en donde ocurre casi todo el drama. Al volver a casa los gemelos encuentran a su madre, y se nos da a entender con pocas pistas, que ella viene de vuelta de una operación en su rostro que la mantiene con la cabeza vendada todo el tiempo. No sólo su rostro ha cambiado, pues el trato hacia sus hijos es muy frío y castigador al punto de hacernos sentir incómodos con la situación. Los niños, desilusionados y tristes, al poco tiempo comienzan a sospechar que la mujer que volvió sencillamente no es su madre, y ocuparán todo su ingenio en descubrir la verdad.

La premisa recién narrada es buena y da para mucho desarrollo, en este caso los directores Severin Fiala y Veronika Franz eligen hacerlo de forma lenta pero siempre en constante ascenso de la tensión, hasta llegar a la última parte de la película que es la más terrible e incómoda de ver pero que si llegamos hasta ese punto es imposible eludirla. En general la película no cuenta con mucho diálogo, la acción ocurre muy de a poco y como mencioné y se requiere de paciencia para verla, sin embargo si contamos con ella llegaremos hasta el momento en donde se revela el GRAN giro de la película y que compensa por la lentitud de su construcción.

El mencionado giro de la película está muy bien logrado e invita inmediatamente al espectador a volver a ver la película para coleccionar las pistas inteligentemente dejadas en el guión y la asombrosa fotografía. Sin embargo, con el correr de los días esta sensación no se mantiene pues en realidad este giro es un recurso narrativo bastante usado en la historia del cine; lamentablemente no puedo mencionar ejemplos para no revelar más de lo debido. De todas maneras para alguien que recién está iniciándose en el cine puede ser un buen comienzo para investigar sobre los temas que «Ich Seh Ich Seh» plantea: trauma infantil, consecuencias del poco cariño maternal, maneras psicológicas de sobrevivir y familias en pedazos en general.

Hereditary

2018 - Hereditary

Director: Ari Aster
País: Estados Unidos
Año: 2018

«Hereditary» ha sido criticada como equivalente a «The Exorcist» (1973) de nuestros tiempos. Si dejamos de lado el aspecto publicitario no deja de haber algo de verdad en aquella afirmación. «The Exorcist» es una excelente película de horror y marcó precedentes en su época pero eso no la convierte ni en la mejor ni en la definición de horror absoluta. Lo mismo ocurre con «Hereditary» pues no se puede desconocer que es una excelente película, realizada con mucha dedicación e investigación de parte de sus creadores, pero tampoco es como para elevarla al Olimpo del cine ni mucho menos tomarla como modelo para películas por venir.

«Hereditary» se nutre de los elementos más clásicos e imperecederos para generar horror sin caer en lo burdo, contando una historia de posesiones demoníacas desde el punto de vista de las víctimas. Con esto me refiero a que su terror viene desde los silencios y las actuaciones más que de efectos especiales y ruidos estridentes sorpresivos. Su desarrollo es lento y progresivo, forzando al espectador a seguir con cuidado el desarrollo y cada detalle de la trama para poder disfrutar su clímax de manera correcta. Sin embargo, el gran elemento que utiliza esta película para lograr su impacto es la mezcla de una trama de horror clásica con un drama familiar muy bien narrado de tal manera que el título de la película juega con la ambiguedad de qué realmente estamos viendo, si todo lo sobrenatural ocurre realmente o sólo ocurre en la mente de los protagonistas. De cualquier forma todo desencadena en consecuencias trágicas para todos los involucrados.

Y también, como en toda buena película, el mérito viene de parte de las actuaciones de todos los protagonistas: los hijos del matrimonio en desgracia (Milly Shaphiro y Alex Wolff), el padre interpretado por un veterano Gabriel Byrne, pero sobretodo la brillante interpretación de Toni Colette, quien hace el papel de una desesperada madre que intenta sacar adelante a su familia después de la muerte de la matriarca pero que a la vez debe lidiar con sus propios fantasmas y la «herencia» sobrenatural dejada por su madre. Es esta familia la que poco a poco va sucumbiendo ante los poderes paranormales o bien su propia decadencia causada por los posibles trastornos hereditarios que se plantean, todo esto según quiera interpretarse. De hecho para mi los momentos más terribles de la película no vienen de las escenas paranormales sino de los momentos en que intentan como familia enfrentar sus tragedias y terminan siempre en momentos tensos sin resolver nada, sólo empeorando las cosas.

El uso de los efectos especiales es moderado y sirven al guión en vez de al revés, como ocurre en muchas películas de este género y otros, lo que realmente se agradece. La escasa música también da cuenta de la intención del director de sustentar su película siempre en el guión más que en otros recursos. La suma de estos elementos dejan en un muy bien pie al joven director Ari Aster para continuar poniendo atención a sus siguientes trabajos y para situarlo dentro de los nombres prometedores del cine actual, tal como el caso de Robert Eggers (The Witch, 2015). Es de esperar que esta nueva camada de directores pueda continuar explorando esta forma clásica de hacer cine en función de volver a darle valor al género de horror, que tanto peso ha perdido en las últimas décadas al rendirse ante otros objetivos más que su cimiento más básico: inquietar al espectador y sacarlo de su forma de comodidad para mostrar que nada es tan seguro, y que el horror como las enfermedades mentales, son hereditarios.

2018 - The House That Jack Built

Director: Lars Von Trier
País: Dinamarca, Francia, Alemania, Suecia
Traducción: La Casa Que Jack Construyó
Año: 2018

Antes de hablar de la película como tal creo conveniente explicar brevemente qué entiendo del concepto «cine de autor». Se trata de aquellas películas marcadas fuertemente por la visión de su director/a, es decir, aquellas en que el nombre de esa persona sirve para vender el producto y en las que sabemos tendremos un «diálogo» más directo con él o ella a través de la historia que presenciaremos. Lars Von Trier es un director que refleja fuertemente sus visiones de la vida y el mundo en sus películas, o al menos lo que él quiere que sepamos. Ya con los años de oficio el hombre maneja la narrativa a la perfección, lo que no garantiza que sus películas sean excelentes pero sí que la historia que presenciaremos es tal como él quiere que la veamos. Ahora, el mismo Von Trier de la vida real parece un personaje sacado de sus películas: tremendamente inteligente, diagnosticado con depresión y protagonista de diversos escándalos, ya sea por sus propias declaraciones o por el fuerte contenido de sus películas, las cuáles parecen ser su vehículo sanador y en las que parece estar empeñado en llevar al extremo lo chocante y el límite de lo que los espectadores pueden soportar. Con esta advertencia, debemos entender que ante cada nueva película del director podríamos exponernos a diversas atrocidades a las que nadie nos obliga presenciar, pero si es que podemos soportarlas, también es posible encontrar sentido artístico y un sentido del humor bastante torcido, pero ingenioso. Pues bien, ahora sí me referiré diréctamente a «The House That Jack Built».

Mientras la pantalla muestra un profundo color negro escuchamos la voz de un personaje que educadamente pregunta a otro si le está permitido conversar. Al recibir un retórico «Si» como respuesta la voz nos hace saber que es Jack, y que a través de cinco incidentes de su carrera criminal escogidos al azar nos permitirá conocerlo. El otro personaje, Verge, será el compañero de Jack en un viaje cuyo destino y significado descubriremos a lo largo de la película. A medida que Jack narra los incidentes: mezcla de crímenes brutales y visiones altamente narcisistas sobre el arte y la vida, no es difícil pensar que el protagonista no es otra cosa que el alter ego, la máscara que usa el propio Von Trier para difundir sus propias ideas hacia el mundo. Todo es simbólico, desde la posición privilegiada de Jack en el mundo hasta la forma en que comete sus crímenes, los que a medida que avanza la película se vuelven más refinados y perfeccionistas. En el momento en que comenzamos a sospechar que lo ilógico de ciertas situaciones no corresponden a una historia acorde a lo posible en la vida real, entonces empezamos a comprender que la película finalmente es una comedia, oscura y torcida, pero comedia finalmente. Vemos al personaje de Jack «crecer» en su carrera criminal, pasando de ser un torpe asesino inicial a un artista sofisticado de la muerte; esta evolución está bastante bien narrada y se nota una minuciosa investigación detrás. Podríamos decir que es lo más cercano a la realidad que tiene la película. Hacia el final del cuarto incidente podemos engañarnos pensando que Von trier ha dotado a Jack de una refinación y poderes extraordinarios, sin embargo, en un giro rápido Jack es humillado para luego ser ofrecido una oportunidad de redención bastante burda, lo que a fin de cuentas nos recuerda que este protagonista no es más que otra marioneta del director, una máscara para comunicarse con el mundo pero que luego de cumplir su función es desechada.

Como mencioné, en los dos primeros incidentes vemos el aprendizaje y ascenso de Jack y ya en el tercero lo vemos como un asesino consumado que ve su «trabajo» como una obra de arte con fines supremos. El cuarto incidente es el más crudo tanto visual como simbólicamente, pues acá la violencia no es sólo física, sino terriblemente psicológica y misógina, un tema por el que el propio Von Trier ha sido cuestionado en la vida real. No sabemos si acá el director intenta, a su modo, hacer las paces con el mundo o simplemente se está burlando magistralmente. Es cine, y las interpretaciones son lo más interesante que se ofrece en muchas oportunidades, como en esta. Personalmente me inclino más por lo segundo, considerando las referencias burlescas al auge de los movimientos feministas del último tiempo: Jack cuestiona el que siempre se culpe de todo a los hombres, por otra parte se burla de los intentos de su víctima por pedir ayuda gritando a viva voz que a nadie le importa y peor, si bien a la mayoría de sus víctimas no se les otorga un nombre, en esta ocasión Jack confiesa que es quien estuvo más cerca de generar sentimientos de cariño en él pero aun así la humilla constantemente y le otorga el denigrante apodo de «Simple». Ya a esta altura vemos a un Jack (o a un Von Trier) distendido confesando admiración por el legado de Hitler y alabando a los Stuka (aviones bombarderos alemanes de la Segunda Guerra Mundial) como obra maestra de la aviación. El quinto acto ocurre vertiginosamente y su función es conducirnos hacia «Katábasis»; el epílogo de la película y ciertamente el segmento menos interesante: es el espacio común de las películas en que se atan los cabos sueltos y las pistas que se van entregando aleatoriamente durante la película y que es necesario en otro tipo de géneros y películas, pero no acá. Está hecho inteligentemente, pero eso no lo hace necesario.

Por otra parte, lo mejor de la película son sus simbolismos y las amplias referencias a obras de arte, ingeniería y arquitectura, lo que representa la elevación máxima del espíritu humano en contraste con la bajeza y brutalidad de los crímenes en escena. Jack, como ser humano inherentemente imperfecto, intenta alcanzar lo primero pero cae vergonzosamente en lo segundo. Es difícil sugerir mejoras para un trabajo hecho con tanto detalle, pero quizás hubiera sido más interesante ver un injusto ascenso de Jack hacia la perfección, dejando en claro que para lograr esto es necesario su narcisismo y el sacrificio de sus víctimas. Otra opción habría sido ver a un Jack que pudiera existir en la vida real con logros y desaciertos en su «carrera», lo que habría hecho de esta película algo mucho más espeluznante. Pero el director es Von Trier, y como mencioné en el principio él es plenamente consciente de lo que quiere mostrar y cómo. Al igual que Jack, en esta ocasión se muestra como un individuo fascinado por la perfección pero inhabilitado para alcanzarla.