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1987 - The Whales Of August

Director: Lindsay Anderson
País: Estados Unidos
Traducción: Las Ballenas De Agosto

«I’m allright, just a tad of November in my bones»

Considerando los nombres involucrados en la dirección y actuación en esta película, me cuesta entender el estatus relativamente desconocido de esta película dentro del mundo del cine. Pensándolo un poco más, quizás está en el lugar correcto, pues quienes llegamos hasta «The Whales Of August» comprendemos que se trata de una joya que brilla al ser apreciada a través de cierto prisma, pero que al ser observada con detenimiento brilla de manera especial y con colores propios. No es necesario ser alguna clase de elegido ni tener superpoderes para esto, sino un conocimiento general de la historia del cine y un poco de sensibilidad y paciencia para películas con acento en la narrativa y no en la acción.

Lilian Gish, Bette Davis y Vincent Price dirigidos por Lindsay Anderson, todos juntos en un proyecto. Sólo esta mezcla es suficiente para que suene atractivo, pero además tiene una carga emotiva especial puesto que los actores protagonistas ya contaban con edades bastante avanzadas al momento de la filmación y ésta sería la última película (en el caso de Lilian Gish, que ya tenía 93 años en 1987) o penúltima (en el caso de Bette Davis, con 79 años) en que participarían. En el caso del director Lindsay Anderson no era tan mayor al momento de filmar «The Whales Of August» pero sí sería la última película para cine que dirigiría, luego hizo un par de películas para televisión antes de su muerte en 1994 (la tarea de averiguar la importancia de cada uno de los mencionados queda en cada lector de este artículo, de otra manera me extendería demasiado perdiendo el objetivo central de este blog). ¿Es esto suficiente para afirmar que la película es una joya? Por supuesto que no, y ahora es cuando paso a hablar de su contenido mismo:

Delineando el tono contemplativo de la cinta, durante los primeros minutos vemos en un racconto en sepia a unas jóvenes Sarah y Libby, las hermanas protagonistas de la historia, apurándose para ir a la orilla del mar para contemplar a las ballenas que cada año hacen un alto en las costas de Maine durante el mes de Agosto. Pronto el sepia da paso a los colores del presente, por lo menos cincuenta años más tarde y encontramos nuevamente a las hermanas en su vida cotidiana de comienzos de Agosto. Libby (Davis) está ciega y tiene un carácter difícil de tratar, mientras que su hermana es afable y optimista y se encarga de cuidar a su hermana, desde su alimentación hasta su ropa. También está Mr. Maranov (Price), un barón ruso en sus años tardíos que quiere ir a pescar a la costa de las hermanas Webber, pero que sin embargo tiene otras intenciones que averiguaremos más tarde. A ellos se suma Tisha, una vecina más joven y amiga de las hermanas de toda la vida y Joshua, un vecino encargado de la mantención y todo tipo de reparación de las casas de la isla. Seguimos la vida y acontecimientos de estos personajes en un período no mayor de treinta horas, un ritmo acelerado para una película de este tipo pero suficiente para desarrollar una historia bien contada pero sobre todo útil para que la película no tenga un aire de nostalgia y sobrecarga emotiva innecesaria a la que ya tiene desde su concepción.

Por supuesto, toda la acción se desarrolla a través de los diálogos de las hermanas y sus interacciones con los demás personajes mencionados, en los que se mezclan recuerdos pero también acciones y decisiones del presente e incluso con miras a futuro. Los conflictos son sencillos pero profundos a nivel de emocionalidad y reflexión sobre la vida, por ejemplo: A Sarah le preocupa que su hermana comience a pensar sobre la muerte y adopte una actitud negativa sobre la vida mientras ella mantiene su optimismo y un ritmo de vida activo. Mr. Maranov reflexiona sobre los privilegios de ser descendiente de una familia rusa adinerada, Tisha muestra preocupación por las hermanas aunque ellas no se lo pidan y Joshua marca un poco la diferencia con sus modos más bruscos pero siempre bien intencionado, todo esto en el contexto avistamiento de ballenas anual.
En una cinta con pocos personajes el desempeño individual de cada actor involucrado es crucial y en este caso los objetivos son logrados con creces: es un deleite ver cómo Bette Davis enuncia cada una de sus líneas, por cierto es ella quien acertadamente carga la mayor parte del peso del guión, mientras que Lilian Gish expresa la mayor parte de su personaje a través de su lenguaje corporal y su característico rostro, en donde se nota y se homenajea la escuela del cine mudo que es donde comenzó la actriz. Vincent Price, por otra parte, caracteriza a un personaje con características y desarrollo humano (lo menciono de esta manera porque el actor es vastamente reconocido por su trabajo en lo que podríamos denominar «cine sobrenatural»», en donde otro tipo de actuación es necesario), y lo hace de manera bastante pulcra y correcta, sin hacer uso de la sobreactuación y expresionismo en el que acostumbramos verlo.

A fin de cuentas estamos en presencia de una película que homenajea a sus actores y directores, así como a toda una época de la cultura americana pero perfectamente adaptable a realidades universales, contándonos una historia en tiempo presente pero que invita a reflexionar sobre el pasado con el gran mérito de no caer en sentimentalismos innecesarios, lo que dota a la cinta, a sus actores y director, de una dignidad necesaria en este tipo de historias y se agradece bastante desde el punto de vista del espectador.

Enter Nowhere

2011 - Enter Nowhere

Director: Jack Heller
País: Estados Unidos
Traducción: Rumbo A La Nada
Año: 2011

«Welcome to our nightmare.»

Si hay algo que se puede agradecer en una película lanzada en la actualidad es la originalidad y por suerte acá nos encontramos con una cinta a la que le obra esta característica, a falta de efectos especiales, edición y actuaciones de primer nivel.

Emparentada de cerca con «The Butterfly Effect» (2004) y «The Man From Earth» (2007), entre otras películas de ciencia ficción que plantean temas profundos a partir de situaciones cotidianas, la película se desarrolla principalmente en una cabaña perdida en medio de un bosque en la que tres desconocidos sin aparentemente nada en común se encuentran e intentarán entender qué circunstancia de la vida los llevó a ese lugar, así como deberán aprender a sobrevivir y tolerarse entre ellos. Una mujer de clase alta, un adulto joven huérfano (interpretado por uno de los hijos del legendario Clint Eastwood, y cuyo parecido es innegable) y una ladrona de tiendas menores son los protagonistas quienes a partir del miedo por la situación y diferencias iniciales, descubrirán que no se encuentran en donde creen que están pero tampoco son tan lejanos; son paradojas y contradicciones de este tipo las que conducen la película. Cabe mencionar a la cabaña como un quinto protagonista pues es un elemento que les sirve de refugio ante su situación desesperada, así como ofrece respuestas y se mantiene omnipresente de una u otra forma a lo largo de la cinta.

El guión es uno de los puntos fuertes, pues se nos va entregando información sobre que está ocurriendo realmente de forma paulatina y en ocasiones no tan obviamente, haciendo referencia a elementos de la cultura popular que en ocasiones los protagonistas comparten y en otras no, así como nosotros como espectadores podemos conocerlas o quizás no. La introducción de un cuarto personaje ya en el medio de la cinta sirve para completar el círculo de respuestas a las muchas interrogantes planteadas en la primera mitad. Luego de que el misterio se ha aclarado, la película se vuelve un poco floja ya que intenta ser condescendiente consigo misma y dar conclusiones que no hemos pedido ni tampoco son necesarias, pues con la originalidad inicial demostrada ya la película estaba bien.

Como se dijo al principio, las actuaciones son un tanto débiles y poco convincentes por momentos, la edición también la hace perder cierta continuidad y la hace ver un poco más antigua de lo que es (fue hecha en el 2011), sin embargo, no logran empañar el balance final que hace de esta película una sorpresa y un buen momento que desafía nuestros cerebros sin llegar a agotarlos y que logra entretener mientras dura su historia.