2011 - This Must Be The PlaceTraducción: Un lugar para quedarse
Director: Paolo Sorrentino
País: Italia, Francia, Irlanda
Año: 2011

Antes de cualquier reseña, debo advertir que esta es una película que sigue un ritmo lento, pero no por eso exento de acción, así que aquel que guste de las películas rápidas y explosivas puede pasar de largo. Es una película que trata de la vida cotidiana, con sus problemas y alegrías, tomando como punto de partida un personaje bastante particular: un rockstar cincuentón añejado por su propio olvido, que vive cómoda pero aburridamente en su mansión en compañía de su esposa, y que ha dejado de lado todo lo que lo llevó hasta allí menos su apariencia externa, vistiendo en todo momento como en sus tiempos de gloria, usándola más bien como carcaza que como trofeo de guerra. Pronto los eventos lo forzarán a salir de su abulia para emprender un viaje en el que finalmente encontrará mucho más de lo que en principio pensaba que encontraría.

Si bien no existe como género, al menos podemos considerar al llamado «road movie» como un estilo, y es a este estilo al que pertenece la película. El road movie trata de personajes que emprenden un viaje, muchas veces con un destino u objetivo claro pero que a lo largo del trayecto se va modificando a medida que van encontrando diferentes personajes antes de llegar al final del recorrido. Generalmente tratan más bien del viaje interior que emprenden los personajes, en el que terminan redefiniéndose como persona, o alcanzando algún tipo de redención.

Narrativamente, la película lleva un ritmo pausado, definiendo el escenario en que se mueven los personajes, y especialmente mostrando el rango etáreo al que pertenecen, la madurez cercana a la vejez, y cómo enfrentan y observan la vida en ese momento. Cuando se trata de este tipo de películas, el rol de los actores es fundamental. En este caso el protagonista es Sean Penn, quien logra definir a su  personaje (Cheyenne) en excelente forma, sin quitar lo eccéntrico de su personalidad pero tampoco sin caer en la caricatura. Frances McDormand, en el papel de la esposa de Cheyenne, también es fundamental para definir el entorno del protagonista. El resto de los personajes también están ejecutados de buena manera por los respectivos actores, plagados de guiones con sabiduría para el día a día, pero sin caer en lo empalagoso o aburrido.

Además, pasada la mitad de la película, se aprecia una de las escenas más emocionantes que he visto en el cine (quizás no para el común, pero para mi sí, dado que soy músico), que es cuando Cheyenne interpreta la canción que da nombre a la película (original de Talking Heads) junto al bisnieto del antagonista. Claro, esto no suena muy elocuente, pero al ver la escena en cuestión en contexto el resultado es efectivo.