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The Neon Demon

2016 - The Neon Demon

Director: Nicolas Winding Refn
País: Estados Unidos
Año: 2016

«La belleza no lo es todo, es lo único»

Debo reconocer que mientras veía la película comencé a aburrirme y desear que terminara pronto. Normalmente le doy una oportunidad hasta el final a cada histroia que elijo ver y es muy, muy raro que deje una película a la mitad. No fue este el caso pero sí se me hizo un poco tediosa de ver. Cuando finalizó, comencé a pensar sobre lo que había visto y de pronto no me pareció tan mala y a valorar las cosas que sí están bien en «The Neon Demon», lo que tampoco la exculpa de sus pecados.

Como su nombre sugiere, la estética de la película está marcada por la palabra «neón» lo que augura una buena fotografía, la que realmente es impecable y merece un gran reconocimiento a Natasha Brairer, la cinematógrafa a cargo, pues básicamente cada fotograma es perfecto: composición, estilo, colores, todo es del más alto nivel. Tanto que se convierte realmente en el lenguaje en el que se nos cuenta la película, pues el guión es muy malo y la historia de fondo es muy simple e intrascendente. Cabe mencionar que la historia, el guión y la dirección están a cargo de Nicolas Winding Refn, un director que parece más preocupado de convertirse en un cineasta de autor y hacer notar que hace lo que quiere más que en narrar buenas historias. ¿Es eso bueno o malo? Queda a juicio de cada espectador.

Llena de simbolismo, brujería, un par de escenas derechamente innecesarias y planos extensos, la historia de «The Neon Demon» se arrastra hacia su final envuelta en una belleza visual casi exasperante. Como decía al principio, esto la hace aburrida incluso para alguien con el nivel de paciencia que yo tengo pero finalmente tuve que entender que todo está deliberadamente hecho con este propósito, incluso este recurso de lentitud es un elemento más que deshumaniza a «The Neon Demon» para exponer su vanalidad a gusto.

La historia es de una joven modelo que llega a la ciudad de Los Ángeles para hacer su carrera. Muy pronto se nos hace ver que si bien hay decenas de jóvenes llegando a la ciudad cada día, ella tiene «ese algo» que la llevará rápidamente al éxito. Todos los personajes lo saben y el director se esfuerza en que aquello se note, llevando a líneas y situaciones muy malas y repetitivas. Jesse, la protagonista, pronto conoce a un grupo de modelos que serán su círculo de amigas pero que desde el primer momento nos damos cuenta que su intención es otra. De hecho es tan lineal todo, narrativamente hablando, que se nos insinúa descarádamente el final desde la primera escena, lo que no sería nada malo si hubiera sustancioa entremedio, pero no es este el caso. Cuando llegamos al final, simplemente pensé «hasta que ocurrió».

Usé la palabra deshumanizar porque así se ve todo con el objetivo de mostrar lo vanal, competitivo y efímero que es el mundo del modelaje, pero también peligroso para quien no sabe cuidarse. Nuestra protagonista nos dice en varias ocasiones que no es lo que parece y ya hacia el final se define abiertamente como peligrosa, pero nada de eso es importante porque su único cambio la lleva a un trágico final, el que se adivina, como decía, desde la escena inicial y desde que identificamos que la protagonista está personificando el mito griego de Narciso, la historia del joven consumido por su propia belleza.

La brujería y aparente ocultismo está presente en toda la película, con esos triángulos que aparecen cada cierto tiempo para recordarnos que estamos frente a una historia de mujeres y que son tres brujas acechando a la protagonista siempre, deseando ser ella a toda costa. Los personajes masculinos son siempre aparentemente malos aunque en el fondo no lo son pero también son irrelevantes a una historia sin raíces.

Si hasta ahora casi todo lo que escrito de esta película es negativo, ¿qué puedo rescatar? Por supuesto la estética y cinematografía, también el esfuerzo por desnaturalizar todo y la forma de presentar simbolismos místicos y ocultistas aunque, muertes de por medio, todo queda sumido en una solemne frivolidad; el verdadero demonio de neón presente en esta cinta. Por ejemplo, la protagonista es representada por un felino, un animal cazador que ataca solo, y sus «amigas y rivales» están representadas por lobos, los que en manada cazan mejor y son más efectivas. La paleta de colores que se nos presenta en la primera imagen está dominada por los colores azul simbolizando el narcisismo, el rojo simbolizando el peligro y el púrpura simbolizando la femineidad. Básicamente la película son esos tres elementos: narcisismo y peligro en el mundo femenino. La protagonista está fuertemente marcada por los colores púrpura y azul mientras que su principal antagonista siempre aparece en escena vestida de rojo. Así de simple.

Con un claro amor por el cine de explotación setentero por parte del director, esta película está hecha para encantar visualmente pero desanimar a los amantes de las buenas historias. Una película que polariza en el esfuerzo desdesperado del director por crear un sello. ¿Lo logra? Como escribí antes, eso queda a juicio de cada espectador.

The Craft

1996 - The Craft

Director: Andrew Flemming
País: Estados Unidos
Traducción: Jóvenes Brujas
Año: 1996

«We are the weirdos, mister»

En los años noventa, en la época pre-Internet, cuando todavía un adolescente podía creer que era único en el mundo al carecer de acceso a la información global, hubieron varias películas que salieron intentando mostrar a los púberes de la época cómo y quién ser, la mayoría de estas películas veces hechas como fotocopias, y en ocasiones también salían películas como la que será mi tema de atención hoy, que es más bien una sátira a todos los temas que toca, al menos en la superficie. En el mundo de hoy en donde está toda la información disponible paa cualquiera una película de este tipo no funcionaría.

La película comienza con tres jóvenes brujas intentando hacer un hechizo al parecer sin mucho éxito (pronto entenderemos que les falta la cuarta integrante para lograr lo que quieren) y pronto la escena cambia a una adolescente que llega con su familia a vivir a la ciudad en donde se desarrolla la historia. Se trata de una adolescente que se ha sentido diferente, única y especial toda la vida y que rápidamente conocerá a las otras tres brujas para ser, por supuesto, la cuarta integrante que tanto anhelaban. De ahí en adelante la película se desarrolla sobre temáticas adolescentes típicas como el racismo, la incomprensión familiar, la inseguridad ante no sentirse bella, el descubrimiento del amor, enemistades entre ellas, entre otras, tal como cualquier otra película de adolescentes, salvo que teñida de negro y un ambiente forzádamente siniestro que al final termina siendo uno de esos casos «tan malo que es bueno». Una vez que estas cuatro brujas se unen, es fácil adivinar que desencadenarán un poder mayor que ellas que no podrán controlar ni sus consecuencias, y que las llevará a cada una a aprender una lección. Todo esto musicalizado por una buena banda sonora, quizás lo mejor de la película, secundada por la cinematografía y el sentido de la moda de la época.

Si es que nos quedamos con esa visión entonces tenemos una película que no llega a ser mala y cumple la expectativa de entretener durante su hora y cuarenta minutos de duración, pero que tampoco llega a ser memorable. De hecho al verla de nuevo, como adulto, recordé que la había visto en mi adolescencia pero la había olvidado casi por completo.

El otro análisis que podemos hacer es del punto de vista psicológico. Como escribí anteriormente, en apariencia parece más bien una sátira a cierto tipo de desadaptados sociales pero podemos ir más allá. También, como dije, bajo el manto de hechicería la película trata más bien de los conflictos típicos adolescentes (femeninos en este caso) y cuando desarrolla esta parte son los momentos más brillantes de la película: es cuando las actrices pueden realmente dar personalidad a sus personajes y algo de sustancia a la película, pero tampoco mucha porque se entiende que la película fue concebida con otro enfoque. El resultado es que queda a medio camino entre una película demasiado cliché y una introducción a la compleja psicología femenina. Ni siquiera el poder superior de turno en la película, aquí llamado Manon, parece ser más fuerte que las pulsaciones adolescentes y ansias de las protagonistas.

Un último punto de vista: la cuarta bruja, la protagonista rubia, si bien también cae parcialmente víctima de sus ambiciones, en todo momento parece ser más conciente que las demás de su propio poder y de las consecuencias de jugar con lo prohibido, lo que se enfatiza más en la última escena. Entonces: ¿qué lectura realmente debemos hacer de este personaje? Ella llega a desatar la acción, por supuesto, y con esto las ambiciones de las tres brujas originales, pero ella se mantiene siempre más estable que las demás, y finalmente no sacrifica nada (digamos que perder a un pastel imbécil no significa mucho en la vida). Entonces, ¿fue ella el mismísimo Manon todo el rato? ¿Somos nosotros los que desencadenamos su poder al elegir ver esta película? ¿Y tenía Manon que ser masculino, dada la naturaleza de la película?